La ultraderecha. Siempre la ultraderecha

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La ultraderecha. Siempre la ultraderecha. En España o en cualquier país. La ultraderecha que invade los espacios públicos para sembrar su odio. Amenaza, insulta, golpea, intimida, impone… Decide por ti porque tú no eres nada para la ultraderecha. Eres su coartada. El origen y el fin es ella, en sí misma, sus intereses, sus beneficios. Se trata de conseguir el poder. No evidentemente a través del debate, ni del intercambio de ideas. Y mucho menos a través de la democracia. La ultraderecha tiene como único elemento de persuasión la violencia. Se trata de controlar a la población a través del miedo que genera la violencia.

La única posibilidad de que la ultraderecha no logre sus objetivos es la distancia que las sociedades establezcan entre ella y el ejercicio legal de la violencia. Cuando esa distancia se estrecha es cuando se siente más valiente. Porque la ultraderecha es cobarde por definición. Necesita al grupo, a la manada. La ultraderecha es un animal grupal que caza en manada.

¿Y qué provoca que la distancia entre la ultraderecha y la violencia se haga más pequeña? La corrupción. La corrupción como mancha de aceite que se cuela por todos los poros del sistema, que todo lo inunda, de un modo lento pero efectivo. Porque cuando la corrupción contamina el sistema, éste ya no se autocorrige. La corrupción ES el sistema. Se invierten los valores, la víctima es la culpable, la mentira parece verdad; la verdad es escondida, desvirtuada, censurada, tergiversada. Y cae la gota, con un ritmo machacón, la gota malaya como tortura. Y los discursos se repiten y se demoniza al inocente y se inventan hechos para justificar lo que viene después. Y los medios de comunicación, siempre sumisos al sistema, entran en el juego. Y amplifican la mentira, ceden prestigios pasados al chantaje del poder. Y más cuando hay crisis.

La ultraderecha roba símbolos. Se los apropia para generar identidades. Roba banderas, himnos… roba principios fundamentales que viola sistemáticamente y somete, bajo interpretaciones surrealistas de leyes, a aquellos que se apartan de un sistema podrido.

Tener las ideas claras, saber en lo que no te quieres convertir, luchar por la sociedad en la que crees merecer vivir, no renunciar a los valores de respeto y convivencia con los que has crecido, respetar la diversidad, no imponer pero tampoco ser el testigo mudo de la invasión de tu espacio, no ceder a la tendencia al conformismo, abandonar la zona de confort en la que ese sistema podrido te quiere mantener, creer en el cambio, soñar… No nos apartemos de esto y ganaremos.

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