La tendencia a la gilipollez

mariamasgilipollez

Estimada, o no:

En 1865 el científico Clausius Rudolf Emmanuel estableció que la energía no sólo puede medirse en cantidad, sino también en calidad. A este concepto se le llamó entropía. La entropía (entre otras cosas) es el grado de desorden y de caos que existe en la naturaleza. El segundo principio de la termodinámica puede definirse esquemáticamente como el “progreso para la destrucción” o también el “desorden inherente al sistema”. En pocas palabras: el Universo se hace más desordenado. Hay un deterioro general pero inexorable hacia el caos.

Si quieres ver los efectos de la entropía sólo tienes que entrar en la habitación de un adolescente. De hecho, estoy convencido de que Clausius Rudolf Emmanuel tuvo un hijo adolescente. Calcetines que desafían la ley de la gravedad en una silla, calzoncillos que sirven para tapar la lámpara y papel higiénico que sirve para… Otro día lo explico. En todo caso, es cierto: el Universo tiende al caos. Belén Esteban escribe libros, Froilán juega al bingo y el campechano tira a modelos por la borda. ¿Has visto alguna vez un universo paralelo más desordenado? No, Tabarnia no vale porque eso es ficción.

Lo que Clausius Rudolf Emmanuel no pudo establecer fue otra tendencia que, a pesar de que no aparece en los tratados científicos, los seres humanos llevamos practicando desde que en la primera temporada, capítulo 1, de la serie “Génesis” el protagonista dijo: “hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza, y tengan ellos en sujeción los peces del mar y las criaturas voladoras de los cielos y los animales domésticos y toda la tierra y todo animal moviente que se mueve sobre la tierra”. En ese momento fue cuando todo se empezó a torcer porque nació la tendencia del ser humano a la gilipollez. Y es que sujetar a la vez a los peces del mar y a las criaturas voladoras del cielo sólo podía llevar a la tontería. Pero, no te lo pierdas, la cosa se complicó cuando en la primera temporada, capítulo 1, de la serie “Tas tonto, ¿o qué?” Mark Zuckerberg dijo “démosle al hombre y a la mujer unas redes sociales para que no se sientan solos y así crean que, cagándose en todo lo que se mueve, insultando y menospreciando aquello que no conocen van a evitar pensar que su vida se parece más bien poco a lo que esperaban, cuando alguien les dijo que podrían conseguir todo lo que deseaban, si cerraban los ojos, juntaban los pies y aspiraban como máximo a comprarse el Hola para ver a los famosos de vacaciones o en una clínica de cirugía estética”.

La tendencia del ser humano a la gilipollez es innata, forma parte de capas y más capas de envidias, venganzas, ignorancias, agresividades y violencias que se han adherido a la piel como un tatuaje hecho por alguien con hipo. Ojalá la sabiduría fuese la tendencia innata de las personas. Ojalá la experiencia nos otorgara cierta clarividencia y nuestro paso con forma humana por el planeta fuese protagonizado por la tendencia al conocimiento, a la sensibilidad y a la empatía. Sin embargo, mira dónde hemos llegado: a alguien que tiene la oportunidad de ser bilingüe y sólo quiere que le eduquen y le atiendan en “en español porque estamos en España”, que es como decir “no comeré comida china porque estamos en España”, “no escucharé a los Beatles porque estamos en España” o “no tendré una reina griega y un rey nacido en Roma porque estamos en España”. Ups… eso ya se produjo, ¿no?

Pues sí, el mundo se vuelve gilipollas: gente que se instala en el carril central de la autopista cuando el derecho está libre, otros que meten bronca en voz alta cuando hablan con el móvil en el metro para que todos les escuchen, algunos que te preguntan si estás embarazada porque saben que te has engordado y españoles muy españoles que eligen ser monolingües pudiendo ser bilingües. Ojalá en el capítulo 1 de la primera temporada de “Génesis” el protagonista hubiese dicho “hagamos al hombre y a la mujer a nuestra imagen, pero no dejemos que se vuelvan unos gilipollas incapaces de valorar la riqueza cultural en la que viven, démosles redes sociales pero que sirvan para exteriorizar su curiosidad y sorpresa por las maravillas que aguardan ser descubiertas y, sobre todo, que mueran con la sensación de haber disfrutado con esta única experiencia que es la vida”.

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