La nación de los sentimientos

soraya

Estimada, o no, Soraya:

El padre entra en la habitación de su hijo. Quiere ir a la discoteca pero el padre no le deja. Protesta. Grita, incluso. El padre le da un bofetón que lo tira al suelo. Le sangra la nariz. Cruzan miradas. El padre abandona la habitación. El hijo observa cómo se marcha. Hay un desierto entre ambos. Toda la rabia se condensa en el segundo posterior al bofetón. Ya nada volverá a ser igual. Y carece de importancia quién tenía razón.

Tendemos a confundir dos palabras que no son iguales: poder y autoridad. Poder es la habilidad de mantener la autoridad de manejar o regir sobre una función en específico, alguien o un grupo; es decir, quien tiene poder posee la suprema autoridad sobre algo. La autoridad es el derecho de ejercer poder sobre algo o alguien y es designada a un individuo o grupo con el objetivo de alcanzar ciertas metas en una organización. ¿Lo ves? No es lo mismo. Porque quizás exista una autoridad formal: el padre la tiene sobre el hijo (al menos mientras es menor de edad). Pero hay otro tipo de autoridad mucho más efectiva y convincente como es la autoridad moral. Ésta se gana con las acciones, con palabras, con el día a día, con inteligencia emocional. El padre no puede obligar al hijo a que le quiera. Por muy padre que sea, el hijo no experimentará ningún afecto por él si, en vez de hablar, le propina un bofetón. El hijo no querrá a su padre por haber sido empleado del mes en una empresa que es líder en el sector. El hijo querrá a su padre si es sensato, si de pequeño jugaba con él, si ve que con cierta frecuencia abraza a su madre, si deja los problemas del trabajo fuera de casa o si los enfados le duran cinco minutos. Y por supuesto, el hijo no querrá al padre si éste le dice “me gustas porque haces cosas”.

Auctoritas. La palabra en cuestión apareció en la antigua Roma unida a la función tutelar. Para los romanos la auctoritas no consistía en emplear la violencia sino en una legitimación reconocida socialmente, que procede de un cierto saber y que se otorga a unos ciudadanos en concreto. Posteriormente, en la Edad Media, el concepto de auctoritas se asimiló a una técnica argumentativa a la que los escritores recurrían citando textos antiguos para dar fuerza y veracidad a sus escritos. Como ves, la auctoritas no tiene que ver con leyes, ni con la brigada Aranzadi, ni con antidisturbios. Y el ejercicio del poder de una manera autoritaria, agresiva y represiva mucho menos.

A mí me resulta extraordinariamente difícil vivir compartiendo la misma nacionalidad con personas que niegan mi voz o que pretenden acabar con mi cultura a golpe de ley. No quiero que el poder demográfico acabe con mis derechos democráticos. Y me produce una enorme vergüenza ajena que la vicepresidenta del gobierno sea tan poco inteligente emocionalmente que se vanaglorie de impedir que el presidente de mi nación (la que SIENTO como mía) ostente el cargo que legítimamente le corresponde. Es el segundo después de la bofetada. Ese instante.

Hay una nación que va mucho más allá de las leyes o de la Historia, una nación más poderosa, capaz de mover masas en un objetivo común. Me refiero a la nación de los sentimientos. Y una y otra vez la estáis despejando de la ecuación. ¿Has pensado en las personas que el 1 de octubre recibieron golpes de la policía? ¿Has pensado en Roger Español que desde aquel día tiene que vivir con un solo ojo? ¿Has pensado en todos aquellos catalanes que asistieron por televisión o en directo a la extrema violencia que ejerció el Estado y que ahora reciben la bofetada de ministros o de un delegado del gobierno que la niega? Y, sobre todo, ¿has pensado en los niños que vieron cómo pegaban a sus padres? ¿Has pensado que estos niños han sido despojados de toda posibilidad de sentir afecto por eso que supuestamente defiendes porque lo único que les habéis dado es miedo?

El padre se sienta en el sofá creyendo que ha ganado. Un torbellino de emociones y pensamientos se cruzan en la mente del hijo. Quedan pocos meses para su mayoría de edad. Quizás sea el momento de tomar una decisión.

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