Necios motivados @MikeVLC

necio

Estimado, o no:

Una de mis frases favoritas, y que ha aparecido antes en este Blog, la escribió hace varios siglos Jonathan Swift. El autor de Los viajes de Gulliver aseguró que “cuando en el mundo aparece un verdadero genio puede reconocérsele por este signo: todos los necios se conjuran contra él”. Minusvalorar el poder de los necios es un error. Los necios han llegado para quedarse, han alcanzado cuotas de poder y no se van ni con agua caliente. Hay además una diferencia enorme entre un ignorante y un necio. El ignorante simplemente ignora. El ignorante carece de la suficiente información para realizar un juicio con valor acerca de un determinado acontecimiento. Ignorantes somos todos. Es imposible saberlo todo sobre todas las cosas. Afortunadamente, nuestro crecimiento personal, la experiencia y un cierto sentido del pudor, provocan que la mayoría de nosotros queramos sustituir la ignorancia por una cierta sabiduría. Esa sabiduría nos puede llevar a guardar silencio cuando éste es mucho mejor que una opinión sin fundamento. Sin embargo, el necio es aquél que quiere imponer su ignorancia. Ante una realidad que se antoja compleja, lo que hace es simplificarla e imponer su visión a los demás. No son ellos los que deben alcanzar el listón sino que es el listón el que debe bajar para ellos.

El progreso social siempre ha ido ligado a la lucha contra los necios. Los genios, los revolucionarios, aquellos que pretenden cambiar el orden de las cosas, han sufrido el acoso de los necios, seguramente desde los albores de la Humanidad. Estoy convencido de que el antepasado que descubrió que chocando piedras podía hacer fuego, tuvo al lado a un necio que le debió criticar por semejante descubrimiento. La inteligencia y los visionarios son incompatibles con la luz de la necedad.

No me atrevería a decir que la cantidad de necios ha aumentado en los últimos años. Sería muy necio afirmarlo y estaría sumándome a lo que critico. Lo cierto es que las redes sociales han hecho aflorar la necedad. El necio se siente seguro en las redes sociales. No tiene más que escribir un tuit bajo el anonimato y esperar a que su carga de odio explote en algún lugar.

Hay muchas personas que han crecido en entornos monolingües o personas que han crecido en entornos bilingües y les cuesta entender su complejidad. Sin embargo, no dedican sus energías a menospreciar aquello que no comprenden. Son ignorantes, pero con una cierta sensibilidad y una cierta experiencia, estoy convencido de que se pueden sumar a la lista de personas que valoran la diversidad lingüística como parte muy importante de un patrimonio cultural. Después están los necios, los que ningunean las otras lenguas, los que las desprecian, los que insultan a personas capaces de hablar, de escribir, de soñar, de trabajar y, en definitiva, de comunicarse en más de una lengua. Y llega el necio que se siente orgulloso de serlo, que se escucha en eco, que deposita en el mundo su necedad como si se tratase de una verdad universal y que te llama “indigente mental” por el hecho de tener más conocimientos que él. Llega el necio con la esperanza de que le pidas perdón por ser mejor que él. Porque sí, porque si eres capaz de comunicarte en más idiomas que él, eres lingüísticamente más competente; porque si tu entorno y tu educación bilingüe te han llevado a incrementar tu sensibilidad frente al uso de otras lenguas, eres más culto y tolerante y porque si entiendes que la lengua es un recurso que otorga identidad y que permite, por ejemplo, aumentar el patrimonio literario, simplemente, eres mejor que el necio. Porque, yo me hago varias preguntas, anónimo tuitero: ¿se puede saber en qué va a empeorar tu vida, tu micromundo de prejuicios y necedad, si dos personas que no conoces de nada y que probablemente se encuentran a centenares de kilómetros de tu mente disfuncional hablan entre ellas en catalán? ¿Qué perderá tu vida si dos amantes se dicen “t’estimo” en una estación de metro en Barcelona? ¿Qué echarás de menos en tus días de anorexia emocional si una escritora publica un libro en catalán y sus lectores sumergen sus ojos en sus páginas? ¿A qué deberás renunciar si un músico, en la soledad de su estudio, compone una canción utilizando la lengua de Martí i Pol? ¿En qué medida se supone que te agrede una de las más de 6.000 lenguas que se hablan en el mundo? ¿Tan débil es la salud de una lengua que utilizan más de 400 millones de personas para que una lengua de 10 millones de hablantes la convierta en una lengua en peligro de extinción? ¿Tanto desequilibra tu mundo el hecho de que los catalanes se comuniquen en una lengua cuyo primer texto escrito que se conserva es del siglo IX?

En fin, déjame que acabe esta carta con un antiguo cuento sufí llamado Los peces necios:

Se preguntaban unos peces qué era el agua. El barbo decía que era una materia desconocida, la carpa afirmaba que era un invento de los sofistas y la trucha aseguraba que era un poder invisible. Querían saber más y para salir de dudas decidieron buscar a un pez sabio. Encontrarlo no les resultó fácil pero al fin dieron con uno. Él les dijo: “el agua es vuestro elemento vital y también vuestro sustento. Os penetra y os rodea por todas partes, vivís y nadáis dentro del agua, por eso no la veis”. Ellos se miraron extrañados pensando que el pez estaba loco. Después se fueron decepcionados. Y es que no hay nada peor que un necio motivado.

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