Pornografía sentimental #TelevisiónBasura

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Estimados, o no, fabricantes de telebasura:

Me he esperado unos días para que mi indignación por el tratamiento informativo de la muerte del pequeño Gabriel Cruz baje unos cuantos enteros. Tengo las pulsaciones bajas y eso aumenta la posibilidad de no utilizar un lenguaje demasiado agresivo. No pretendo dar ninguna lección moral pero, como amante de la comunicación, me apetece haceros llegar una propuesta para un programa de televisión que puede satisfacer vuestros deseos de audiencia. Hace tiempo que detesto la televisión basura. No os podéis llegar a imaginar hasta qué límites. Nunca me he creído la excusa de “hacemos la televisión que quiere ver la audiencia”, entre otras razones porque estoy convencido de que a la audiencia se la puede educar. Lo que resulta necesario es tratarla como si no fuese idiota, abrazarse a cierta ética, invertir en talento y creatividad y arriesgarse para buscar nuevas fórmulas de entretenimiento. Ya sé que en el mundo de la televisión se mueve mucho dinero y que los experimentos se deben hacer con gaseosa pero la experiencia demuestra que otra televisión es posible. Tampoco compro la excusa de que la gente llega cansada a casa y no quiere pensar mucho. Ya, pero, ¿quién dijo que la inteligencia y la creatividad están reñidas con el entretenimiento? Tampoco me vale que me digan: “pues no veas televisión basura” porque: 1) Ya he visto suficiente y, por lo tanto, no me hace ninguna falta consumir más para saber cómo funciona. 2) Lo que no quiero es que las personas con las que me cruzo por la calle vean televisión basura. Así de simple. Ya sé que no soy nadie para decirles cómo debe ser su menú televisivo pero creo también que tengo derecho a soñar con otro tipo de sociedad. Y es que prefiero que las personas con las que me cruzo por la calle tengan unos índices de consumo cultural elevados y que sus referentes no sean la exmujer de un torero sin más mérito que operarse un millón de veces y gritar mucho. Llamadme egoísta pero prefiero vivir en una sociedad de personas curiosas, cultas, tolerantes y que no resuelvan sus conflictos como si estuviesen en el plató de Gran Hermano. Quiero vivir rodeado de personas que no busquen la fama efímera, que no asimilen el éxito social a salir por la tele y que no dediquen su energía creativa y su talento a sentarse diariamente delante del televisor para ver cómo un famosete de medio pelo explica sus proezas sexuales o ver cómo alguien se ríe de un anciano al que han sacado de su pueblo y le han puesto bajo los focos del juicio público.

Y he aquí mi propuesta de programa televisivo. No sé si estaréis de acuerdo en que las dos grandes reinas del basureo actual son Susanna Griso y Ana Rosa Quintana. Pues bien, juguemos fuerte. Os pido que hagáis un reality show con ellas. Encerradlas en un plató durante unos meses y que se aireen todas sus miserias. Quiero saber cómo son sus relaciones sentimentales y/o sexuales, qué tal se llevan con la familia, si tienen deudas, si han superado alguna enfermedad, si han sufrido la muerte de un ser querido y qué sentimientos les ha provocado. Pero, sobre todo, lo que quiero saber es su lado oscuro, sus secretos, sus obsesiones. Si los responsables de la televisión basura en España lleváis años explotando las miserias de los pobres, comprando sus intimidades con la promesa de quince minutos de fama y el bocata del catering, ahora es vuestro turno. Os toca a vosotros. La intimidad no tiene ningún valor para vosotros, ¿no? Sois capaces de explotar hasta la extenuación el morbo del asesinato de un niño y de convertir el dolor ajeno en un espectáculo. Sois capaces de hacer de la televisión un mercado de pura pornografía sentimentaloide y amarilla. Pues si sois capaces de eso sin que en ningún momento os hayáis planteado ningún límite, ahora os toca a vosotros: periodistas, productores, directores… ¡todos a los platós a explicar aquello que les hacéis explicar a las personas que no tienen los suficientes recursos para saber que les estáis explotando! Porque así es como funcionáis. Os cebáis con ancianos, con personas sin recursos intelectuales y/o culturales para hacerles pasar por la máquina de destruir intimidades y dignidades. “Son libres de no ir a la tele. Nadie les obliga”. Sí, ya… la libertad es un concepto demasiado complejo. Quizás no todos somos tan “libres” como vosotros. Quizás nuestro equipaje vital no nos garantiza saber que sois unos buitres que buscan sangre fresca cada día. No todo el mundo detecta el engaño, no todo el mundo sabe que un plató de televisión es solamente un almacén decorado con colores chillones y bien iluminado, no todo el mundo es capaz de adivinar que a Susanna Griso o a Ana Rosa Quintana le importas de poco a nada. Llamadme cursi, utópico, demagogo, pedante y lo que os dé la gana pero creo que la televisión debe hacer espectáculo con la incansable búsqueda de la belleza, de la inteligencia y de la creatividad. La televisión puede educar, formar y entretener. Todo a la vez. Porque desde que a alguien se le ocurrió la idea de explicar el mundo a través de las historias, esta misión no está reñida con el éxito. Lo del reality show va en serio. Pasad al otro lado. Quiero que hagáis espectáculo con vuestras miserias.

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