¡Qué país, nene! ¡Qué país! @GalvezLacsamana

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Estimado, o no:

Hay que estar realmente mal de la azotea para decir que una camiseta amarilla es “alteración del orden público”. ¡Una camiseta amarilla! Como la del Villarreal, la de Las Palmas o la de Rafa Nadal en el Godó. ¡Una camiseta amarilla! Ahora resulta que una camiseta amarilla ofende. Una camiseta que refleje longitudes de onda situadas entre 570 y 590 nm, ofende. De repente, cuando la retina recibe longitudes de onda situadas entre 570 y 590 nm y el nervio óptico envía la información al cerebro, las neuronas de los fachas experimentan una profunda ofensa y reaccionan de manera violenta. Pues perdona que te diga, pero en España hay muchos más tarados de lo que imaginaba. No es normal, nene. No es normal.

Estamos en una época de profundas disonancias cognitivas que lo justifican todo. Éste es el país que lo justifica todo. ¿Que cinco energúmenos acorralan a una chica de 18 años en un portal y la violan? Nada… sexo en grupo. ¿Que la justicia alemana dice que lo de la rebelión de Puigdemont es un chiste malo? Nazis alemanes… qué van a saber ellos de democracia. ¿Activistas y políticos en una prisión provisional que es la vergüenza de Europa? Ni, ni, ni… no son presos políticos sino políticos presos. ¿Que la policía golpea brutalmente a personas que sólo querían votar? A por ellos. ¿Que los raperos van a la cárcel por escribir canciones? Uy, es que hay cosas que no se pueden decir, aunque sean verdad. ¿Que se quitan lazos amarillos colgados de farolas o puentes? El plástico contamina. ¿Que la gente lleva camisetas amarillas? Alteración del orden público provocada por disfunción retiniana e implosión neuronal. En serio, la Historia os va a dedicar un capítulo en los libros en los que se redefinirá lo que es hacer el ridículo. Un ridículo enorme, brutal, difícil de superar. ¿Habéis tirado ya a la basura la ropa amarilla que tengáis en el armario? Id con cuidado: os puede dar un ictus.

Qué lástima que la final de la Copa del Rey no haya sido un Barça-Villarreal. El surrealismo de requisar las camisetas amarillas de los aficionados del Barça y haber dejado entrar las del Villarreal hubiese sido espectacular. ¡Qué país, nene! ¡Qué país!

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