Shhhhhh… protesta bajito

catalàiespanyol

Estimado, o no:

Tienes razón. Y cuando uno tiene razón, hay que dársela. Las protestas sociales deben restringirse al al ámbito de lo privado. Yo ya he hecho una cadena humana con mi familia para protestar por el aumento de la cuota de la comunidad. Desde la cocina hasta el dormitorio, pasando por el pasillo, hemos juntado nuestras manos en señal de protesta. La premisa era no hacer ruido, eso sí. El administrador de la finca vive en el piso inferior y no queremos herir sensibilidades. Podríamos haber protestado en el vestíbulo pero entonces su precario equilibrio emocional podría haberse visto terriblemente afectado. En democracia, las protestas se deben hacer en voz baja y en el domicilio particular de cada uno. Debemos juntar los piececitos, cerrar los ojos y susurrar diez veces nuestras reivindicaciones hasta que nos hagan caso. Por eso, si un día te quedas sin pensión, no salgas a la calle. Ponte delante del espejo y susurra diez veces: “toda la vida currando, mecagoenlaputa”. Pero, sobre todo, ¡que no te oiga nadie! No imites a Martin Luther King en las escaleras del Lincoln Memorial. Para protestar contra el racismo y la segregación racial debería haberse ido, no sé… a la biblioteca de VOX ya que nunca hay nadie. Y allí, en medio de la soledad, haber dicho en voz muuuuuy baja: I have a dream. Sshhhhh. I have a little dream but I don’t wanna disturb anyone. Can you hear me? Shhhhhh. Ok, I’m alone and this is useless.

Si es que todo viene del color amarillo. Según un estudio de la Universidad Juan Carlos I (prestigio contrastado), concretamente de la Facultad de Fraudes y otros Chanchullos, el color amarillo produce en algunas personas dificultad en el habla, vista borrosa y pérdida de equilibrio. Ya sé que son los mismos síntomas de una excesiva ingesta de alcohol pero a algo os tenéis que abrazar los hipersensibles para demostrar que los indepes somos malos, malotes. El color amarillo presos políticos, con sus dañinos 580 nm de longitud de onda, afecta al cerebro de algunas personas. No voy a entrar en temas médicos ya que con un “se les pone una mala leche de la hostia” ya sabrás a qué me refiero. Es ver el amarillo y se ponen como Federico Jiménez Losantos en el Museo del Ejército: les entran unas ganas de invadir Polonia al ritmo de Wagner que ríete del coronel Bill Kilgore en Apocalypse Now. “Me encanta el olor de los calcetines de patriotas españoles. Huele a… sudor”.

Que sí, que sí, que llevar lazos amarillos o poner cruces amarillas en la playa es provocar. Lo mismo le pasó a un amigo mío con un ornitorrinco. Señor juez: mi gran pecado fue enamorarme de él, con su piquito extraño y su cuerpo gracioso. Iba provocando, señor juez. Llevaba la falda corta y no me pude resistir. Que conste que le invité a dos gin tonics y le propuse ponerle un piso cerca del Zoo. Claro, a mí me pareció que le gustaba… y ahora, aquí estoy, defendiéndome de las acusaciones de una nutria disfrazada de pato.

Pues nada, Mister Sensible, los indepes protestaremos bajito, en nuestra casa. Invitaremos a alguien de la ANC a una cena para que nos lea algún manifiesto y nos concentraremos silenciosamente en la cocina para poder abrir de vez en cuando la nevera por si tenemos sed. Al final, nos pondremos los auriculares y escucharemos Els Segadors en silencio, no vaya a ser que el vecino facha tenga que ser ingresado de urgencia en la UCI por un derrame cerebral. 

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