El Mr. Bean de Ciudadanos

navajas

Estimado, o no:

Tu relato me ha sumido en un cierto estado de shock. En mi librería de novelas de terror ya estaban Edgar Allan Poe, Bram Stoker y Pablo Llarena. Pero ahora dejaré un lugar especial para “Me sacaron ocho navajas… y no eran al ajillo”. Como diría Pedro Piqueras: ¡espeluznante, horrible, apocalíptico! O sea, ¿fue salir de la sede de Ciudadanos con tu carnet naranja y en una semana te sacaron ocho navajas? ¿Pero fue del bolsillo, de tu mochila o es que te topaste de repente con el rodaje de un remake de West Side Story? Es importante que lo expliques porque nos tienes a todos pendientes de la segunda temporada.

¡Uf, vaya semana! Ocho navajas en una tradicional semana de siete días (es lo que suelen tener) lleva a una media de 1,14 navajas por día. Es decir, una navaja normal y una de Playmobil quinqui poligonero. ¡Y vaya mirada de rayos X tienen los individuos de las navajas! Son capaces de ver tu carnet en el bolsillo y a continuación decidir que te van a sacar la navaja porque eres militante de Ciudadanos. Y así durante una semana. No se veía semejante desgracia desde que Mr. Bean rodó su última película. Tú y el portero del Liverpool podríais formar el dueto de la mala suerte.

El caso es que a mí me sucedió algo parecido. Iba yo con mi carnet de Ciudadanos en el bolsillo cuando me atacó un dragón amarillo. Apenas me podía mantener en pie. Todo me daba vueltas. Amarillo, sí. Lo recuerdo perfectamente. Era un dragón amarillo. Y cuando estaba a punto de recobrar el equilibrio, me tiró al suelo una moto. Amarilla también. Pensé que me había metido en medio de alguna mani indepe y, como tienen rayos X en la mirada, habían visto mi carnet de Ciudadanos. Y ahí estaba yo, en medio de ese caos, deseando que Albert Rivera llegase con su melena al viento para rescatarme. Hubo un momento de epifanía en el que incluso llegué a escuchar la voz de Marta Sánchez: Te amo, España. A Dios le doy las gracias por nacer aquí, honrarte hasta el fin. Como tu hija, llevaré ese honor: llenar cada rincón con tus rayos de sol. Uf, es que cada vez que lo recuerdo, me emociono. Rojo, amarillo, colores que brillan en mi corazón y no pido perdón. Quizás deberías, Marta. Quizás.

Después de la moto, vino un coche de bomberos. Te juro que no oí la sirena pero de la hostia que me dio fui a impactar contra un avión en vuelo rasante. Amarillo, claro. Y la guinda del pastel fue un coche de los Mossos. Con eso no contaba. Yo pensaba que después de echar a Trapero, los teníamos de nuestro lado. En fin, tuve que pedir que pararan el Tíovivo porque ya me estaban esperando la moto de Mickey Mouse, la taza de café y la ambulancia. Sobre todo, la ambulancia.

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