No veo modernidad en la foto

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Lo sé: soy raro. ¡Qué le vamos a hacer! Me como las pizzas sin queso (lo odio), puedo escuchar la misma canción ocho veces seguidas cuando me gusta mucho y no soy capaz de percibir ningún signo de modernidad en la foto que ilustra este texto. Me acuso de ser raro. O quizás es que no me gusta ser como tú porque el raro eres tú. Y es que desde que supe que nos llega la luz de estrellas que quizás ahora ni existen, todo me resulta muy relativo. En todo caso, como tampoco sé lo que es la modernidad, me quedo más tranquilo. ¿Ha quedado claro? No. Ya lo sé: soy raro.

Este fin de semana he percibido en cierto ambiente tuitero la idea de que Pedro Sánchez ha traído la modernidad a este país porque ha prometido la Constitución sin Biblia, ni crucifijo. Sinceramente, me parece un debate carente de sentido. ¿Es más moderno el fan de Bruno Mars que el de Bach? ¿Es más moderno el fan de Spike Jonze que el de Billy Wilder? ¿Es más moderno el ateo que el creyente? ¿Es más moderno llamar fútbol al balompié? Bueno… quizás sí.

El diálogo entre pasado, presente y futuro siempre ha sido muy complicado. Es responsabilidad de las nuevas generaciones hacer que lo que propusieron las generaciones anteriores parezca obsoleto. Pero, más allá de cuestiones estéticas y de luchas intergeneracionales, creo que el auténtico debate es otro.

Para empezar, yo en la foto sólo veo a una mujer. Teniendo en cuenta que la población mundial está formada aproximadamente por un 50% de hombres y un 50% de mujeres, la proporción de mujeres presentes en las cuotas de poder que refleja la instantánea se me antoja más antigua que la comunión de Franco.

En segundo lugar, en la parte central de la foto veo a un hombre que es monarca por azar espermático. La promiscuidad puede parecer moderna y ya sé que los libros de Historia nos hablan de bastantes monarcas que fueron diseminando su esperma por una descontrolada cantidad de vaginas y que el hecho de que un espermatozoide real acertase con un óvulo real era una cuestión de lotería monárquica. Pero, aún así, intuyo que la modernidad está más relacionada con adquisiciones meritocráticas del poder y no con el “misterio de la vida”.

Pero lo que más me llama la atención de la fotografía es el acto en sí. Prometer sobre un libro. Si el libro fuese el Kamasutra, aún le vería cierto sentido. Pero estamos hablando de una Constitución que más del 60% de votantes actuales no tuvieron la oportunidad de decir si les parecía bien o si ahora preferirían que la Constitución la redactase El Rubius.

Muchas personas no están casadas. Viven en pareja y son muy felices. Jamás han necesitado prometer sobre ningún libro que se iban a amar eternamente o que iban a ser fieles. Para empezar, el amor no es eterno sino un diario cumplimiento de compromisos, promesas, ilusión, respeto, confianza y admiración. Y ya puedes poner la mano, los pies y las orejas sobre el certificado de matrimonio que si éstas cosas no las tienes claras, la cosa no acabará de ir muy bien. Que se lo digan a la infanta Elena. Por eso, lo de que el presidente del Gobierno o los Ministros prometan la Constitución no me parece moderno, ni aunque lo hagan sobre un iPad. Yo lo que le haría sería obligarles a firmar un aval y, si te pasas de listo, te embargamos. Sí, lo sé. Soy raro.

En resumen: os veo jurar bandera mientras me llamáis nacionalista y pienso que los raros sois vosotros. Os veo celebrar el Día de la Hispanidad mientras me llamáis supremacista y pienso que los raros sois vosotros. Os veo con tatuajes nazis en los brazos mientras me llamáis nazi y pienso que los raros sois vosotros. Y me llamáis violento mientras yo celebro el Día del Libro y vosotros el Día de las Fuerzas Armadas. Eso sí, la pizza me la seguiré comiendo sin queso.

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