Soy pesimista. Lo sé. Pero aún así, sonrío

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Llamadme pesimista pero no tengo la más mínima esperanza, ni de que España se reforme, ni de que Catalunya mejore su relación con España. Ya está. Fin del artículo. Adiós.

Bueno va… continúo. Para comprender al otro, hay que ponerse en la piel del otro. Es difícil, especialmente si es una piel que acumula botox como para instalar veinte ventanas de aluminio sin usar silicona. Ponerse en la piel del otro es intentar ver el mundo desde su punto de vista. Voy a hacer un ejercicio: ya no soy un cincuentón catalán, bloguero, independentista, culer y nihilista-déjame-tranquilo-no-me-des-el-coñazo. Ahora seré un señor cincuentón, madrileño, español muy español y mucho español, madridista y patriótico-España-una-y-no-cincuenta-y-una. Me despierto. Me hago el desayuno y sintonizo la SER, la COPE o RNE. Y hay una visión. Salgo de casa. Compro el periódico. Tengo La Razón, El País, El Mundo y el ABC. Y hay una visión. Y como soy madrileño, español muy español y mucho español, madridista y patriótico-España-una-y-no-cincuenta-y-una, me pone mucho Libertad Digital, El Confidencial, Periodista Digital, OKDiario o Mediterráneo Digital. Y hay una visión. Y mi nivel de indignación con estos indepes, nazis, golpistas, adoctrinadores, va en aumento. Trabajo (o no). Los compañeros también son madrileños, españoles muy españoles y mucho españoles, madridista (o colchoneros) y patrióticos-España-una-y-no-cincuenta-y-una. Y claro, confirmamos lo que piensa todo el mundo: indepes, nazis, golpistas, adoctrinadores… rompen España… a por ellos… yo soy español, español, español… Y hay una visión. Salgo de trabajar. Llego a casa y pongo la tele. La oferta de televisiones generalistas es variada (no en cuanto a línea ideológica): TVE, Tele 5, Antena 3, Cuatro, la Sexta, Intereconomía, 13TV, Telemadrid… Y en todas, la misma idea: indepes, nazis, golpistas, adoctrinadores… rompen España… a por ellos… yo soy español, español, español…

¿Esto es reformable? Frente a esta potente maquinaria periodístico-político-judicial, ¿es posible introducir otras voces disidentes? Quizás si la izquierda fuese izquierda, existiría algo de esperanza, pero viendo el nuevo gobierno del PSOE y que Podemos se ha convertido en Pijolandia, lo mejor es adoptar un nuevo espacio mental: cuando pueda, me piro, seguidme. Eso sí, ¿quién nos guía a los indepes que ya llevamos algunas meteduras de pata? ¿Quién es nuestro líder? ¿Quién romperá con el orden establecido y de qué manera? Pues no lo sé. Preguntadme algo más fácil del tipo: ¿cómo se escribe el cero en números romanos? o ¿por qué los Picapiedra celebraban la Navidad si su historia se desarrolla antes del nacimiento de Jesucristo?

Soy muy pesimista. Ni siquiera veo la botella medio vacía. Sólo un tetra brik arrugado. No se cambian mentalidades de la noche a la mañana. Aún estamos en una pantalla en la que el nuevo ministro de interior llama dialecto al gallego o en la que el nuevo ministro de cultura resulta que es xenófobo, machista, su Twitter parece la versión casposa de “50 sombras de Grey” y Pedro Sánchez lo conoció haciendo zapping (como el rey a la reina, por cierto). Sí, lo sé, España es un país muy bonito: los monumentos, las montañas, las playas, Elsa Pataki y Mario Casas… Pero es que se quiere poco (o, mejor dicho, se quiere mal). No se acepta un país con dos grandes capitales, la mentalidad es radial, se confunde la unidad con la homogeneidad, el chauvinismo es el deporte nacional y hay mucho facha suelto. Uno coge la cámara y si hace fotos pequeñas, puede albergar cierto optimismo. Hay buena gente, claro. Pero si uno abre el plano, el panorama es desolador. Aznar, González, Guerra, Rajoy, Hernando, Rodríguez Ibarra, Bono, Casado, Sáenz de Santamaría, Cospedal, Sánchez, Iglesias, Echenique, Bárcenas, El bigotes… No, lo siento. Necesito un reset. Otros formatos. Diferentes. Personas que hablen mucho de modelos sociales y poco de “sólo veo españoles”, intelectuales que sepan explicar sus visiones de futuro sin la voz pastosa del alcohol en vena, ilusión colectiva que no esté monopolizada por las victorias deportivas, industrias culturales potentes, respeto por los demás, admiración por la diferencia, confianza en quienes propongan sueños alternativos… Soy pesimista. Lo sé. ¿Y en Catalunya? Que los Pujoles se vayan a su apartamento de la Cerdanya, que los de Tabarnia abran libros y descubran que hay palabras, que la estirpe de los Girautas, Carrizosas, Riveras y Arrimadas se den cuenta de que la piromanía social sólo trae fuego… ¿Y los indepes? Autocrítica, autoestima, dignidad, coraje, exigir, luchar, soñar, equivocarnos, reclamar, levantarnos, caernos, volvernos a levantar, perseverar, creer… No hay soluciones mágicas, ni videotutoriales de cómo independizarse sin violencia, ni manual de instrucciones. Sólo nos tenemos a nosotros: más de dos millones de adultos que votan independencia y nuevas generaciones nativas digitales que vieron cómo sus padres fueron ahostiados por parte de un Estado que no les quiere.

Una de las preguntas más chungas que te pueden hacer es: ¿cómo te ves dentro de diez años? Queda claro que es una pregunta que es más cruel cuanto más urgente se te hace la vida. Yo me veo con más dolor aún en las cervicales y en la espalda, con más dolores de cabeza, con menos paciencia aunque también con más nihilismo, un poquito más sabio y menos español. Porque no me gusta que me impongan identidades que no siento propias. Pero no necesariamente será a costa de sentirme más catalán, será a cambio de ser un poquito más universal. El mundo es muy grande, los caminos son muy largos, el cielo es muy amplio y todo está por hacer. “El mundo es muy cruel”, dice el protagonista de la magnífica serie “Matar al padre”. Efectivamente, pero cuando junto letras y las comparto con vosotros, todo parece más fácil.

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