El intento de escupir al viento y no recibir un baño de espuma

glo

Estimada, o no:

Sé que peco de ingenuo pero estoy convencido de que los supremacistas lingüísticos no sois tantos, sino que os movéis muy rápido. Un poco como los de VOX: son muy pocos, pero parecen capaces de estar en treinta juzgados a la vez poniendo demandas contra todos los que rompen su esquema mental de yo, yo, yo, España, España, España.

He dedicado muchos artículos a hablar de este tema y, aún a riesgo de acabar con la paciencia de los lectores de este blog, voy a volver a incidir en él. Mi principal idea consiste en ofrecerte el punto de vista de alguien que se siente agredido por comentarios como el tuyo. Y es que, si un día sufriéramos un apocalipsis zombie que acabara con los humanos y quien sea que nos creo se replanteara colonizar la Tierra con seres más perfectos que los que ahora colocan tildes como quien escupe al viento y espera no recibir un baño de espuma, le propondría una idea: hacer un período de prácticas como mujer, inmigrante, homosexual o catalán para saber lo que es sufrir el desprecio de aquellos que se creen superiores. Sería una especie de karma preventivo. Antes de convertirte en un capullo machista, xenófobo, homófobo o catalanófobo, experimenta ser objeto del odio del gilipollas en el que no te has de convertir.

Pero no nos desviemos del tema objeto de esta carta. Intentaré ser esquemático para que la lectura sea más pedagógica:

  1. Aunque es difícil determinar la cantidad exacta, se calcula que los seres que tienen tendencia a quedarse calvos y/o a engordar, y/o a volverse maniáticos-obsesivos, y/o a necesitar cada vez más dosis de placebos con forma de libros de autoayuda, emplean de 5.000 a 6.000 lenguas para comunicarse. Entre ellas está el Piraha, el Rotokas o el Xhosa, que no son medicamentos que encontrarás en las farmacias, sino lenguas que a sus usuarios les resultan muy cómodas para decir, por ejemplo: “te juro que es la primera vez que me pasa, es el estrés”. No sólo eso, en Australia existe un dialecto que se llama Pitjantjatjara y su topónimo más bonito es “Mamungkukumpurangkuntjunya Hill”. Imagínate lo que sucedería en los telediarios españoles, si ni siquiera saben pronunciar correctamente Màxim.

  2. Una lengua tiene validez en su comunidad lingüística, sin importar el número de hablantes que la sustente. Incluso, una lengua con un solo hablante ya es útil si sirve para cagarte en el imbécil que conduce a 80 por el carril central de la autopista y reducir así tu nivel de indignación. Te voy a poner un ejemplo (no de imbécil que conduce a 80 por el carril central de la autopista, sino de lo útil que resultan las lenguas aunque sólo tengan dos hablantes). Imagínate que tienes acordado con tu pareja que, si mordisqueas la aceituna del Dry Martini en una fiesta, significa “rescátame, el pesado este me está comiendo la oreja y, como intente venderme otra vez las excelencias de Albert Rivera, le voy a meter el hueso de la aceituna por el primer esfínter anal que le quede libre. ¿Sólo tiene uno? Pues eso”. Ya está. No hace falta más. Quizás mordisqueando la aceituna no puedas desarrollar la teoría epistemológica de Socrátes pero, ¿y qué mas da? Yo tampoco la puedo desarrollar en castellano sin la Wikipedia cerca.

  3. El castellano tiene unos 400 millones de hablantes en todo el mundo (sin contar a Zoido, al que no se le entiende). Este planeta que gira alrededor del sol y del fútbol está habitado por unos 7.000 millones de personas. Una fácil resta nos dirá que hay 6.600 millones de seres antropomórficos capaces de reconocerse como humanos a los que, si les hablas en castellano, te miran con la misma cara que pondría Trump si un día descubre que dentro de un libro hay palabras. Por lo tanto: un poquito de humildad con los superpoderes transnacionales del castellano. Porque si Colón hubiese tenido GPS o los colonizadores no hubieran abierto academias de castellano con tarifa plana en modo “o me hablas en mi lengua o te meto una medalla de los Reyes Católicos por el culo, indio de mierda”, ahora no presumiríais tanto.

  4. Déjame que, como catalán, te explique algo, ya que comentarios como el tuyo nos provocan una enorme ternura. Resulta que el catalán lo hablan unos 10 millones de personas. Pues bien, el danés lo emplean 5,5 millones de personas; el noruego, 5 millones; el serbio, 8 millones, el croata, 6,5 millones; el bosnio, 2,5 millones; el lituano, 4 millones; el letón, 2,5 millones; el georgiano, 4,1 millones y el finés, 5,5 millones. Y lo más divertido de vuestra concepción hispanocéntrica del mundo es que a los daneses, a los noruegos, a los serbios, a los croatas, a los bosnios, a los lituanos, a los letones, a los georgianos o a los finlandeses no les vais con la mierda de que sus lenguas no son útiles, ni tienen futuro. ¿Por qué? ¿Porque los daneses, los noruegos, los serbios, los croatas, los bosnios, los lituanos, los letones, los georgianos o los finlandeses no suponen un grano en el culo en vuestra omnipresencia castellana unificadora de la patria común de todos los españoles y destino universal forever and ever?

Los que piensan como tú (que espero que seáis pocos aunque os mováis rápido) sois unos supremacistas lingüísticos y, en general, culturales. Os han llenado la cabeza con la idea de que España fue un imperio y estáis como la madre del protagonista de “Goodbye, Lenin”. Ojalá despertéis y recibáis una enorme dosis de humildad, respeto por la diversidad y afecto por la gran riqueza cultural de España, a pesar de que ahora el único imperio español son las tiendas de Amancio Ortega. Una última reflexión sobre las lenguas: no importa su tamaño, sino lo que puedas hacer con ellas. Sí, también en cuestiones lingüísticas.

nou final

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