Carta al hombre rojigualda de media cara @ShakimShaker

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El Gran Jefe Blanco de Twitter me ha hecho saber que el hombre rojigualda de media cara sueña con una reserva en la que quiere encerrar a todos los catalanes indepes. Yo no estar de acuerdo. Vivo en el nordeste de tu reino, en un territorio bañado por el mar, con altas montañas, profundos valles y peajes muy caros. Un territorio colonizado hace ya muchas lunas por el Gran Hombre Rojigualda. El Gran Jefe Blanco de Twitter me ha enviado también muestras de tu rechazo a todo lo que empieza por cata y acaba por lan. A mí no gustar. Yo no saber si novia catalana te dejó por casteller fortachón de Valls o es que un hombre blanco de Vic te rayó tu carromato. Yo solamente decir que no somos tan malos como el General Rivera te ha hecho creer.

Tú querer encerrarnos en una reserva como antes hizo el hombre blanco yanqui con los indios hace muchas lunas o como ha hecho el hombre blanco circuncidado con los palestinos. A mí no gustar porque todos somos libres y porque no se te ha perdido nada por aquí. A ti no gustar que la colonia prospere más que la metrópolis o que los indígenas catalanes puedan decidir sobre su futuro. A mí tampoco gustar, hombre rojigualda. El Gran Jefe Blanco de Madrid podrá confiar en que, si nos encierra en una reserva, su economía será arrollada como una estampida de búfalos haría con las cosechas. Mala decisión sería.

Sabemos que el hombre rojigualda no comprende nuestras costumbres: que golpeemos a un tronco con un palo, que comamos cebollas largas o que bailemos en círculo y no sea el swish, swish, bish. Pero no somos una tribu tan extraña. Tenemos hijos, nos gusta el fútbol y comemos paella. Por eso no gustar que nos consideren inferiores. Sabemos que el hombre rojigualda, empujado en secreto por el Gran Jefe del IBEX 35, nos llama supremacistas. No comprendo. Tal vez sea porque soy un salvaje y no comprendo. A ti, hombre rojigualda, tampoco te debe gustar que te digan no a todo o que te golpeen. Por eso no entender que además quieras encerrarnos. ¿No has pensado alguna vez en vivir tu vida y dejar a la colonia tranquila? Estamos a muchas lunas en caballo de donde tú vives. Y es que, hombre rojigualda, nosotros no tenemos ejército poderoso de guerreros, las únicas armas peligrosas que guardamos en nuestras tiendas de lona son los discos de Marina Rosell y como máximo te podríamos enviar mensajes de humo que harían de tu habitación el garito en el que fumaba porros Bob Marley. Por eso, hombre rojigualda, ¿por qué no haces caso al viento que te susurra que nos dejes tranquilos? Soy un hombre salvaje y no comprendo ninguna otra forma de actuar.

Yo no fumar la pipa de la paz contigo, entre otras cosas porque no fumo. Pero yo proponer que en el Gran Jefe de Twitter intentes conseguir seguidores escribiendo cosas bonitas, graciosas, ingeniosas, sin ideas absurdas para lograr un like (pocos tienes, por cierto). Si algo he aprendido como salvaje que vive al lado del mar Mediterráneo, cuna de tantas civilizaciones, es que la vida es muy corta para gastarla en el odio. Las personas son preciosas, sin importar de dónde vengan. Yo le digo al hombre rojigualda de la metrópolis que podrá quitarnos la vida, pero jamás podrá quitarnos la libertad (yo saber que esto es de William Wallace).

nou final

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