Gente que se saltó la clase sobre el “misterio de la vida”

diego

Estimado, o no:

Hay siempre una clase en la asignatura de Medio Natural de Primaria, a eso de los 11 años, que suele dejar a los niños y niñas con los ojos abiertos de par en par (a no ser que hayan hecho un trabajo previo de investigación autodidacta aprovechando la tablet de sus padres). Me refiero a la clase en la que se explica el “misterio de la vida”. El libro que acompaña este rito iniciático suele incluir preciosas ilustraciones en las que se diseccionan los cuerpos de manera más o menos esquemática y en las que, tanto el tamaño de los pechos femeninos, como el del pene, tienen una medida políticamente correcta, no vaya a ser que después se generen falsas expectativas. Pues bien, no voy a penetrar en la cuestión (ups…) de lo que sucede antes de que el espermatozoide y el óvulo decidan crear sinergias. Entre otras cosas, porque para eso ya están Woody Allen o Nacho Vidal (cada uno con su estilo). Y es que desde el sexo neurótico neoyorquino al sexo acrobático hispano, el abanico de posibilidades es impenetrable (ups… otra vez). Sin embargo, Diego, sí que creo que es muy importante que sepas lo que sucede después de que el espermatozoide y el óvulo creen sinergias. La idea es la siguiente: es la madre la que lleva el feto dentro y es el feto el que quiere que sea la madre, el feto (uf… cómo añoro a Rajoy y sus lapsus). Es decir, durante 38 semanas después de la fecundación, la madre tiene un pequeño okupa dentro que va a condicionar de una manera u otra su vida: cuidado con lo que comes no vaya a confundirte un ballenero, no fumes, no bebas, haz ejercicio, mindfulness, yoga, suscríbete a la revista “Mis tetas son pelotas Nivea”… En cambio, el padre tiene una función que se limita a un “aporta o aparta”. El padre mira la barriga con curiosidad y alguno, incluso, empieza a cuestionarse la práctica del sexo durante el embarazo, ya que le angustia que su futuro hijo o hija conozca una determinada parte de su cuerpo antes de tener la posibilidad ni siquiera de decir hola.

Por eso, Diego, me veo en la obligación como adulto de explicarte una cosa. Durante esas 38 semanas de embarazo, el responsable de haber metido un espermatozoide en la bandeja de entrada del óvulo, puede beber cada día cinco litros de vino peleón, meterse en el cuerpo cualquier temporada de lo que cocina Walter White en Breaking Bad, fumar lo que se fumaba Bob Marley en un año o, peor aún, irse de vacaciones con Soraya Sáenz de Santamaría, Álvaro Ojeda, Paco Marhuenda y los militantes como tú de UPyD. Eso sí, al feto no le sucederá nada. Otra cosa diferente es que al padre se le ocurra hacerlo después del nacimiento del bebé. Pero para eso ya están los reality shows de televisión o Twitter como plataforma de expresión de los minipartidos de ultraderecha.

Más allá de este breve resumen de lo que es el misterio de la vida, sí que me gustaría decirte que:

a) de la misma manera que no es hacer pasteleros, sino hacer pasteles, lo correcto es decir hacer castells y no castellers. Lo digo por si quieres evitar futuras apariciones en el Museo del Cuñado Hispánico (que, por cierto, tiene las vitrinas a rebosar).

b) antes de hablar de las colles castelleres, lávate la boca (si hablas) o las manos (si escribes). Y es que tiene mucho más coraje y valentía cualquier enxaneta, que tú viviendo veinte vidas como salvador de la patria. No te iría mal asistir como espectador a una exhibición castellera para comprender el valor de la fuerza, el equilibrio, el seny, la planificación y, sobre todo, las estrategias colaborativas que fomenta el trabajo en equipo.

En resumen, te encargo dos deberes para tu, espero, rápido e imprescindible crecimiento personal: intenta recopilar información sobre el misterio de la vida que vaya más allá de las páginas porno y deja que tu mente se libere de prejuicios para apreciar los valores de un Patrimonio Inmaterial de la UNESCO. Y es que, uno empieza a estar harto de los españoles que nos quieren dentro de su proyecto pero al mismo tiempo expulsan nuestra cultura y nuestras tradiciones. Aclarad vuestra mente un poquito, aunque sólo sea para no causar vergüenza ajena.

nou final

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