Chí cheñó, choy un robó

máximo

Estimado, o no:

Tú no me engañas. Tú eres un robot. El que sale en la foto de tu perfil de Twitter debe ser algún tipo de Albacete que habrás visto en la revista “Quesos de España”. Pero tú eres un robot. Es fácil reconoceros, especialmente si sois de tecnología española. Y es que mi referente juega en otra división. Estoy hablando de HAL 9000, el robot que aparece en 2001, una odisea del espacio. Qué porte, qué elegancia. Ya sé que físicamente es sólo una especie de objetivo fotográfico con un punto de color rojo pero su voz… mmmmm… sex machine en código binario. Es un robot un poco rebotado, tirando a malote, pero junto a Mazinger Z, R2D2 y Pablo Llarena son androides que han marcado a generaciones.

Y ahora me preguntarás: ¿por qué has adivinado que soy un robot? Está claro. No te han programado para incluir puntos y comas en tus textos. Textos, por cierto, que no se entienden ni después de tomarse un té de peyote. “QUIM TORRA su grupete de subditos independentistas NUNCA podrán contra millones de ESPAÑOLES entiendanlo ustedes si NO viven NI trabajan a gusto en ESPAÑA tienen muy fácil cambien de nacionalidad y se buscan otro territorio que puedan hablar su idioma”. Yo después de leer esta elaborada muestra de geopolítica, no sé si me debo buscar un territorio que hable mi idioma o si tengo que invadir España con el traductor on line de Google.

Por si acaso, déjame que te recuerde las tres leyes de la robótica que formuló el escritor Isaac Asimov:

  1. Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.

  1. Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entrasen en conflicto con la primera ley.

  1. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley.

Claro, leyendo estas leyes soy de la opinión de que deberíamos sustituir a la Policía y a la Guardia Civil por robots. Seguramente en China son más baratos. Nos hacen un descuento al comprar al por mayor y, al menos, tenemos asegurado que en cualquier referéndum respetarán la primera ley. No como los de ahora. Además, un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, como un Roomba o la máquina de cafés. Por eso, estimado, o no, Máximo, ya que me protege la segunda ley de la robótica, déjame que te diga que intentes vivir tu vida de robot prescindiendo por completo de lo que suceda en Catalunya. En serio, con tu cara de chico de Albacete que vende quesos manchegos puedes ser muy feliz. Ser robot no es nada malo. Sólo se trata de que te programen de nuevo. Piensa que incluso puedes convertirte en el primer robot que fabrique queso con sabor a gazpacho. Lo petas, nene. Pero antes de que pongas en marcha tu protocolo informático de creación de quesos, déjame que te recuerde algunas de las últimas palabras de HAL 9000 antes de morir: Mi cabeza se va, siento que se va, siento que se va […] Todo es confuso para mí […] Me doy cuenta, me doy cuenta. Ya sé que parece un reggeaton pero quizás es lo que sientes cuando el algoritmo con el que estás programado te mezcla Catalunya y Twitter.  Me despido en binario: 01000001 01000100 01001001 01001111 01010011.

nou final

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