No nos expulsaréis de la memoria

memoria sanchez

Estimado, o no, Pedro:

Nos dice el diccionario que la memoria es la “imagen o conjunto de imágenes de hechos o situaciones pasados que quedan en la mente”. Otros definen la memoria como la capacidad del cerebro de retener información y recuperarla voluntariamente. En todo caso, la memoria está muy relacionada con nuestra capacidad para aprender pero, sobre todo, la memoria es la vida. Nuestras acciones, aquello que percibimos con nuestros cinco sentidos, las palabras que pronunciamos, los placeres que experimentamos, los vivimos en directo, en presente. La memoria se convierte entonces en nuestro equipaje de la vida, nuestro museo vital, el pasado que se aferra a la piel y contamina el resto de órganos. Sin memoria se pierde el tiempo vivido. Aquello que fuimos, con suerte, reside en otras personas y cuando se muere la última persona que nos recordó, experimentamos otra nueva muerte, quién sabe si la definitiva. Por eso la memoria es tan importante.

Los recuerdos son valiosos instrumentos a los que podemos acudir en cualquier momento. De hecho, los libros de Historia están repletos de recuerdos propios o ajenos. Los documentos y la interpretación que de ellos realizan los historiadores nos permiten acumular recuerdos vividos por otras personas, incluso por otras civilizaciones. Por eso cuando nacemos no somos una tabula rasa, sino que somos hijos, nietos, biznietos de decisiones que tomaron otros, de guerras, de descubrimientos, de inventos, de personas que se enfrentaron al abismo y encontraron o no una solución a sus problemas.

Y ahora llegas tú y nos pides que tiremos nuestra memoria, nuestros recuerdos del 1 de octubre, a la papelera de la historia. La pérdida de la memoria en este país es, después del espíritu colonial, el chauvinismo, el supremacismo y el fútbol, todo un deporte nacional. Sin embargo, hay que dejar una cosa clara: sólo quiere olvidar el poderoso que tiene algo de lo que arrepentirse. Nadie quiere olvidar los buenos momentos: el nacimiento de un hijo, una boda, un viaje, un premio… Pero sí queremos olvidar los peores instantes, aquellos en los que hubiésemos deseado que la tierra se abriese bajo nuestros pies. Es muy curiosa esa lucha tan española entre olvido y memoria. Los genocidas de la Guerra Civil quieren cerrar heridas a través del olvido, que sea el tiempo el que oculte las atrocidades o las propiedades que conquistaron gracias a la sangre. ¡No te fastidia! ¡Pues claro! Es evidente que son los primeros interesados. ¿O es que te piensas que querrán hablar de las desapariciones de personas, de los fusilamientos o de los botines de guerra que acumulan en su memoria o en su patrimonio? La transición se basó en el olvido y así nos va.

Nos pides que olvidemos el 1 de octubre. No sólo no lo olvidaré sino que lo recordaré siempre. Y no es rencor, es algo mucho más profundo: es pura y simple dignidad, la que se intentó robar a muchos catalanes a golpe de porra o de patada. Porque eso fue el 1 de octubre. Fue un intento de humillar a través de la violencia, legal pero amoral e injusta. No hay que olvidar. Jamás. Olvidar significa dar por buena aquella violencia y a los que la apoyaron, es decir, personas como tú, progres de postal, socialistas amnésicos, los que convertís la memoria en una mercancía objeto de chantaje. No, no voy a olvidar. No olvidaré las cargas, el “a por ellos”, las mentiras, los gritos de la policía pidiendo actuar, el silencio cómplice de tantos, la sangre en el asfalto, los gritos, la sinrazón de la violencia, las actuaciones en pueblos pequeños y, sobre todo, no olvidaré mis sentimientos, los de entonces y los de ahora. No olvidaré el momento en el que introduje la papeleta en la urna para decir BASTA YA, para manifestar que tengo voz, que soy sujeto político, que soy una parte de la soberanía popular que no se negará jamás con violencia institucionalizada.

Para volver a nacer hay que quemar aquellas cosas de nosotros mismos que no nos gustan. Pero eso no significa olvidar porque cuando olvidamos, lo esencial de nuestra identidad, aquello con lo que hemos crecido, se pierde. En resumen: de la memoria no nos expulsaréis, la memoria es inconquistable, en la memoria no se pueden construir colonias, es el último de nuestros paraísos y nos pertenece.

nou final

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