Brindemos con Coronita

escudoespañayole

Estimado, o no:

La leyenda dice que Franco, antes de pudrirse definitivamente, cogió la mano del campechano y le dijo que preservara la unidad de España. Desde entonces, la unidad de España se ha convertido en el Rosebud del momento fundacional de la estafa que fue la Transición. ¿Qué intentó decir Franco? Claro, si le hubiese cogido la mano al rey y le hubiese dicho: cerveza gratis para todos los españoles, la cosa hubiese sido muy diferente (especialmente por lo que respecta a las cirrosis hepáticas). Pero no. Franco quería que se preservara la unidad de España.

Dice el diccionario que unidad es la propiedad que tienen las cosas de no poder dividirse ni fragmentarse sin alterarse o destruirse. Como un preservativo, si buscas un ejemplo. ¡Pues qué gracioso el viejo! Desde entonces, hay personas con DNI español que han tomado las palabras del octogenario como si fuesen una verdad escrita en piedra o como un diálogo de Juego de Tronos (que es más o menos lo mismo). En cambio, otros creemos que la diversidad no debería resultar incompatible con la unidad. Me explico. Una familia se puede llevar muy bien si uno es del Madrid y otro del Barça, a uno le pueden gustar los Beatles y a otro los Stones, uno puede ser de PC y otro de MAC e, incluso, uno puede ser independentista y otro unionista. ¿Por qué? Porque el pegamento de las sociedades no es que todos pensemos lo mismo. El verdadero pegamento de las sociedades es el respeto, la negociación, la admiración mutua y una auténtica vocación para la convivencia a pesar de las diferencias. No hay nada más aburrido que el pensamiento único, especialmente si viene impuesto por un carnet de plástico.

En todo caso, pides cambios en el escudo de España para que no se parezca al antiguo régimen (por cierto, deberías especificar cuál es. ¿La república? ¿El franquismo? ¿El feudalismo? ¿Las hombreras de los ochenta?). Vale, de acuerdo. Imaginemos que quieres reinventar el escudo de España. Aquí te lo presento: con sus cadenas; su leoncito haciendo swish, swish, bish; la torre y la cuatribarrada.

Escudo 1

Yo, para empezar, quitaría la corona. Al fin y al cabo, al campechano lo eligió Franco en un referéndum de autodeterminación (vamos, que se determinó encima). Sin Coronita, como un restaurante mexicano chungo. También le podríamos quitar esa especie de columnas. Las columnas quitan visión. Yo soy más de lofts. Puede quedar un poso soso pero… Y ahora, si me permites, voy a quitarle la cuatribarrada. Cosas mías. Lo sé, lo sé… en tu imaginación debe quedar raro. Puedes utilizar ese espacio para publicidad, para la lista de la compra o, mejor aún, para poner a Mr. Bean. No hay más común que este actor que gusta a todo el mundo (o no). No te mola, ¿no? Valeeeeeee… Lo quitoooooo… No sé… dejemos un espacio en blanco y que cada uno ponga lo que quiera. ¿Tienes alguna idea? ¿Un deseo en particular? Se puede poner un poema bonito, una foto de tu actriz favorita, un tatuaje de “amor de madre”… Yo tengo un pequeño deseo. Sí, lo sé, no te gustará pero mi deseo es éste.

Escudo 8

Es otro escudo. Diferente. Ni mejor, ni peor. Nadie está obligado a sentirse identificado con este escudo, a nadie se le obliga a llevarlo en las matrículas de los coches o en los documentos oficiales. Es un escudo con el que uno se identifica si le apetece, como los escudos de los equipos de fútbol, el de las escuderías de Fórmula 1 o, mejor aún, el de las cervezas. La diferencia es que éste es un escudo de lucha, en el que hay depositados muchos sueños. Por eso, brindo con cerveza (haré una concesión monárquica y será una Coronita)… brindo, te decía, por todos aquellos apátridas vocacionales sin nación impuesta en la parte de su mente que es libre; por los que creen que su identidad es la suma de muchos elementos, algunos incluso contradictorios entre sí; por los que se sienten confundidos ante sus sentimientos de pertenencia a un Estado, por los que se sienten de aquí y de allá sin tener que dar explicaciones a nadie; por los que creen, como Rilke, que su única patria es la infancia y por ti, que aunque no te guste la diversidad, un día, que puede ser de ahora o dentro de muchos años, te darás cuenta de que eres el hijo, el nieto o el biznieto de miles de identidades, de pensamientos y de sentimientos en plena evolución. A eso se le llama diversidad. Y es preciosa.

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