Malos tiempos para la lírica

eduardo

Estimado, o no:

Los seres humanos tenemos tres posibilidades a la hora de enfrentarnos a un conflicto: el ataque, la huída o la asertividad. El ataque es el más irracional. Consiste básicamente en averiguar quién da las hostias más grandes. De esta manera, el conflicto puede acabar con alguien en el hospital, o en el tanatorio, y con otro en comisaría. No parece muy inteligente. La huída, el silencio, mirar baldosas, agachar la cabeza, no abrir la boca para evitar molestar a nadie es posible que resuelvan el conflicto relacional pero agravan el conflicto interno. Uno no puede pasarse la vida inclinándose, ya que aumenta las posibilidades de romperse. ¿Y la asertividad? ¿Qué es? Puedes definirla negando las demás: no es agresión y tampoco es huída. Por lo tanto, la asertividad consiste en hacer valer tus derechos y defenderlos pero respetando a los demás. No significa estar de acuerdo con las premisas o los argumentos de tus interlocutores. Significa no dejarse pisar, pero tampoco pisar. Nadie pertenece a nadie. Nadie es más que nadie, pero tampoco menos. No es supremacismo. Es ASERTIVIDAD.

En tu tuit nos insultas. Insultas a millones de catalanes que pensamos que el mejor futuro de Catalunya pasa por una república catalana. Hablas de “trastorno psiquiátrico de base paranoica delirante” sin pensar en la magnitud de lo que estás diciendo, sin empatizar con los deseos o necesidades de tantas y tantas personas con las que compartes espacio público. No parece que hayas pensado, por ejemplo, en los miles y miles de personas con una mayor formación académica que tú y bastante más éxito profesional y personal que el tuyo, que son independentistas y que podrían darte tantas hostias intelectuales que desearías salir de la realidad que vives como hace el protagonista de “El show de Truman” al final. Dejaré de lado que de psiquiatra o de sociólogo tienes lo que yo de cantante de boleros porque sería rebajar demasiado el nivel. Bueno… voy a introducir un breve momento de distensión que quizás rebaje el nivel.

culazo

Fíjate en este tipo. Digamos que debe tener unos cuarenta y pico. Supongamos que ha podido disfrutar de una formación (hasta los dieciséis años es obligatoria). Imaginemos que ha tenido unos padres que le han educado. Quizás tenga hermanos, pareja, hijos, compañeros laborales, jefes… Pues bien, este tipo ha decidido que la mejor manera de expresarse, de comunicar sus planteamientos políticos, de proyectar una identidad, es bajarse los pantalones, ponerse sus calzoncillos rosas a la altura de los muslos y limpiarse el culo con una estelada. ¿Cómo definirías esta actitud? ¿Inteligente? ¿Seductora? ¿Convincente? ¿Trastorno psiquiátrico de base paranoica delirante? Como soy muy respetuoso con las enfermedades mentales, prefiero pensar que se le ha ido la pinza, que es rarito, que en su vida ha habido algún momento en el que decidió alienarse en pos de una carrera como salvador de la patria (al fin y al cabo, España es el país de Don Quijote). ¿Crees que voy a hacer de la parte un todo? ¿Crees que voy a insultar a todas las personas que creen que el mejor futuro de Catalunya pasa por seguir siendo súbditos en una monarquía borbónica? No lo voy a hacer. Ésa es la asertividad. Podría hablar de Corinna, de los negocios del rey emérito, del ridículo internacional de Llarena, de la corrupción, de ese nacionalismo español carpetovetónico, autoritario, agresivo y estéticamente anacrónico que solamente existe por oposición pero nunca por su capacidad para convencer, seducir, argumentar y hacer del cerebro algo más que un museo de obsesiones ridículas. Y sí, son argumentos. Saber de dónde quieres estar lejos es un argumento. Saber que uno no debe convertir su discurso en un insulto eterno, es un argumento. Saber que no formas parte de una masa deshumanizada por personas como tú, sino que tienes formación académica, inteligencia, experiencia y respeto por la discrepancia, es un argumento.

Se me hace cada vez más difícil apostar por la asertividad, por el humor o por la ironía. Mis textos están yendo a lugares más sombríos y sé que debo reinventarme. Pero la situación cada vez es más complicada. Eso sí, me niego a que venza la mediocridad. Me niego a ver a tipos bajándose los pantalones, o tocándose los genitales delante de la policía o gastándose 25 euros en un DNI de Tabarnia para reivindicar su españolidad cuando hacerse el DNI español vale 11 euros y, al menos, te puedes subir a un avión con él. ¿Paranoia colectiva? No lo sé. Prefiero pensar que, como decía la canción, son malos tiempos para la lírica.

nou final

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