¡A la mierda!

a la mierda

Aviso a navegantes: este texto está escrito desde mi lado más salvaje, más visceral y más alineado con mi nueva filosofía de cincuentón: “a partir de los 50, di lo que te apetezca y que los políticamente correctos se multipliquen por cero”. Vamos al lío: estoy harto de gilipolleces pseudointelectuales repetidas por loritos indocumentados cuyo único proceso de reflexión interior consiste en saber si compran un champú para cabello graso o normal. Por ejemplo, estoy harto de la frase “España es de todos los españoles”, frase que nos repiten a los catalanes para recordarnos que somos suyos desde hace 300 años.

Para empezar: ¿qué es España? O mejor dicho: ¿qué entienden por España? ¿Son sus montañitas, sus arbolitos, sus jardincitos, sus narcosalas, sus prostíbulos? ¿Eso es de todos los españoles? ¿Cuántos metros cuadrados de prostíbulos son propiedad de todos los españoles? Bueno, conociendo las aficiones de algunos corinnos, el reparto sería motivo de reality show. Habrían hostias para luchar por cada metro cuadrado.

No voy a dar ninguna lección sobre Derecho pero tengo entendido que existe la propiedad pública y la propiedad privada. A partir de ahí, la frase debería matizarse. Porque España es de todos los que tengan propiedades en España y/o de todos los que tengan reconocidos determinados derechos en España. Digo esto porque España es también de los inmigrantes que trabajan y pagan impuestos en España; y del señor Klaus nosequé, alemán de Baviera, que se ha comprado un chalet en Mallorca; y también del señor McDonald’s y sus 483 restaurantes que generan 23.000 empleos directos; y del señor Starbucks con sus más de 120 establecimientos; y del jeque de Marbella al que le hacen la pelota para que deje sus petrodólares en territorio español y también de Mister Trump, que tiene bases militares en la tierra de los muy españoles y mucho españoles… ¿Sigo?

Pero cuando se dice “España es de todos los españoles” hay algo que subyace: las personas. Personas que deciden sobre otras personas. Porque cuando se habla de un referéndum de autodeterminación para Catalunya, insisten en la idea de que deben votar todos los españoles porque “España es de todos los españoles”. Sin embargo, lo que están afirmando es: “sabemos que el 84% de la población no es catalana y que aunque el 100% de ese 16% catalán votase a favor de la independencia, jamás seréis independientes. A no ser, claro, que os pongáis a criar catalanets como conejos y un día os amontonéis más de 25 millones de personas en los 32.108 kilómetros cuadrados de Catalunya”. Porque es eso. Bueno… o eso, u os enviamos a 7000 policías a comer croquetas y repartir hostias. El amor debe ser el aire entre una porra y la cabeza de un catalán.

Pues eso, “No toda España es de todos los españoles”. Lo siento. Siglo XXI. En el feudalismo las cosas eran más sencillas. Yo cheñó, tú chiervo, tú pagas, yo vivo bien. Lo que sí debería ser de todos los españoles son las ganas de construir una sociedad mejor, más justa, más libre, más progresista, más feminista, más tolerante, mas inquieta culturalmente, más arriesgada, más innovadora, más acogedora, más cosmopolita, más universal, más colectiva que colonizadora, más seductora que agresora, más convincente que castradora. Una sociedad en la que se hable menos de territorios y más de modelos sociales, en la que no se confunda unidad con homogeneidad, en la que la demos esté en el pueblo y no en los consejos de administración y en la que los DNI’s sólo sean un plástico y no unas credenciales de posesión. Y, también, en la que uno pueda gritar a quien sea un A LA MIERDA, sin tener la sensación de que Big Brother te mira.

nou final

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