Meted piedrecitas de la Pica d’Estats en la bañera y poned el culito encima. @slphome

sergio

Estimado, o no:

¡Qué obsesión con la tierra! ¿Pedías tierra a los Reyes Magos cuando eras un niño?

  • ¿Qué has puesto en la carta, hijito mío?

  • Tierra, mami.

  • ¿Tierra?

  • Sí, tierra.

  • Pero… no sé… te ponemos un geranio encima, al menos.

  • Que no, mami. Quiero tierra.

Tierra, tierra, tierra… Hay españoles que queréis tierra. Mucha tierra. Desde que a Colón se le fastidió el GPS y acabó en América, los españoles queréis tierra. “Toa, toa, toa, te quiero toa. Como antes, toa”, que diría Jesulín de Ubrique. Tierra. ¿No queréis más derechos sociales, ni mejores pensiones, ni leyes más justas? Queréis tierra, con sus piedras, su arena, sus hierbajos, sus colillas de Ducados y sus cacas de perro, secas como la piel de Julio Iglesias. Tierra, tierra y más tierra. Cualquiera diría que os la coméis. Empiezo a pensar que vivo rodeado de geófagos. Poca broma, la geofagia es la práctica de comer tierra o sustancias terrosas. No es lo que hace Neymar cuando le hacen falta. Se trata, literalmente, de comer tierra. Lo hacen los chimpancés orientales, las corzuelas pardas, los lémures, los lagartos blancos y Llarena cuando lee las resoluciones de los jueces de Schleswig-Holstein. ¡Tierra, nene, tierra a la vista!

Os da igual si encima de la tierra viven catalanes con sus bracitos, sus piernecitas, sus ojitos, su 20% de PIB y su 29% de exportaciones. ¡Queréis tierra! Montserrat, el Pedraforca, el Montseny, las playas de la Costa Brava y hasta los pipí canes de Barcelona. ¡Tierra! Estáis sedientos de tierra, hambrientos de tierra… ¡Os follaríais a la tierra si se pusiera sexy! Mmmm… mira cómo me mira ese campo de golf de ahí… con sus dieciocho hoyos… Ven paquí, que te hago cinco birdies sin sacarla… ¡Guapo! ¡Mira cómo tengo el putter!

Estoy por contactar con la ANC y Òmnium para hacer un crowdfunding y que cada español tenga un kilo de tierra catalana. ¡A ver si así nos dejáis en paz! No sé… ponedla al lado del televisor, colgad fotos en Instagram con ella, meted piedrecitas de la Pica d’Estats en la bañera y poned el culito encima… ¡Tierra!

Mira, lo diré de nuevo porque ya lo he explicado un millón de veces: NADIE PERTENECE A NADIE. Mis bracitos, mis piernecitas y mis ojitos son míos (y un poquito de mi pareja, mmmmmm). La propiedad de la tierra está en el Registro de la Propiedad. Pero las personas, con sus bracitos, sus piernecitas y sus ojitos NO PERTENECEN A NADIE. Hay propiedades privadas y propiedades públicas. En las privadas no debes entrar, a no ser que tu vecino ponga el Despacito a toda hostia a las tres de la mañana. Bueno… de hecho estará invadiendo TU espacio y entonces tendrás derecho a quejarte. En cuanto a las propiedades públicas, en una Catalunya independiente, las propiedades del Estado seguirán siendo del Estado (a no ser que os pongáis tontitos y las nacionalicemos) y las propiedades del resto de instituciones seguirán siendo del resto de instituciones (excepto si algunas desaparecen y entonces ya veremos). Pero LOS CATALANES NO SOMOS TUYOS, NI DE UN SEÑOR DE MURCIA, NI DE UNA SEÑORA DE PALENCIA, NI SIQUIERA DE FLORENTINO PÉREZ. Y no, amiguito, tú viviendo en Tenerife no tienes el más mínimo derecho a decidir mi futuro. Olvídate. El colonialismo está tan pasado de moda como las canciones de Marta Sánchez. A mí me importa tres pepinos si en Tenerife os declaráis república arco iris, monarquía platanera o parque temático con pulsera de colores. Ni vivo en Tenerife, ni pago impuestos en Tenerife, ni trabajo en Tenerife. ¡Es que me da igual! Jamás he tenido la sensación de que me pertenezca ni un solo tinerfeño, ni el Teide, ni ninguna joroba de ningún camello del Camel Park. Por mí como si vuestros camellos aprenden a bailar el swish, swish, bish. ¡¡¡Que me da igual, nene!!!

En fin, hablábamos de tierra, ¿no? Pues me voy a poner bíblico: Génesis 3:19. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás. Por eso, tranquilo, ya te envío un kilo de tierra catalana para que te vayas acostumbrando. Si es que no somos nada. Y el muerto al hoyo y el vivo al bollo.

nou final

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