Ano fotovoltáico

ano

Estimados, o no:

Os escribo para agradeceros esta especie de revelación espiritual que he tenido al leer vuestra recomendación. Uno accede a las redes sociales para encontrar inspiración que le permita entender un poco la realidad y, sin duda, la vuestra revolucionará mis futuros días estivales. Y es que leyendo vuestro post he tenido la sensación de que llevo toda mi vida haciendo las cosas mal. Llega el verano y me tumbo en el césped de la piscina o en la arena de la playa con la esperanza de que los rayos del sol bronceen mi cuerpo, dejando las joyas de la corona y el culo al margen de este diálogo con el astro rey. Mal. Lo he hecho todo mal. Y eso que el mensaje estaba contenido en la palabra: verano. O, lo que es lo mismo, VER ANO.

Es una lástima que estemos en otoño y aún deba esperarme unos meses para iniciarme en esta experiencia mística. Sí, ya… podría probarlo ahora mismo pero no quiero acabar con mi trasero lleno de hojas de árbol y además me invade cierto temor ante la proximidad de la castañada. La gente está muy mal y podría tener tentaciones extrañas con tantos programas de cocina. Por eso me resignaré a esperar al próximo verano.

De todas maneras, os debo confesar que me han invadido varios pensamientos inquietantes. Por ejemplo, es probable que sepáis que hay unos personajes aficionados a cantar un viejo hit llamado Cara el sol. ¿Deberán cambiar la letra? ¿Ano al sol con la bragueta abierta, que tú lubricaste ayer, me hallará la muerte si me muerde, una gaviota tuerta?

Además, decís que mostrar el ano al sol durante 30 segundos permite absorber más energía vital que un día entero al sol con ropa. ¿Significa eso que después podré cargar mi móvil… ya sabéis cómo?

La posturita no parece muy cómoda pero, si al final tenéis razón, lo que realmente aumentará son las plazas de aparcamiento para las bicis.

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