No confundas la velocidad con el tocino

idioma

Estimado, o no:

Desde que la Real Academia Española de la Lengua que “limpia, fija y da esplendor” como si fuese un protésico dental, aceptó la palabra “postureo”, ya no me fío de la calidad de su trabajo. Por eso hay que acudir a expertos tuiteros como tú que nos ayudan a explorar los límites del conocimiento humano al depositar su sabiduría con forma de 280 caracteres (uno menos en Canarias). Por esta razón voy a tachar las dos acepciones que la RAE da sobre idioma:

1. m. Lengua de un pueblo o nación, o común a varios.

2. m. Modo particular de hablar de algunos o en algunas ocasiones. En idioma de la corte. En idioma de palacio.

Bueno… quizás antes analizaré tu teoría político-lingüística. Empezaré por la segunda acepción. Cuando mi hija llega a casa y deja la chaqueta y los zapatos tirados por cualquier sitio, me limito a gritar un ¡¡¡¡UEEEEEEEE!!! Y me entiende. Y es que si atendemos a la definición que la RAE propone sobre una lengua, es decir, sistema de comunicación verbal propio de una comunidad humana y que cuenta generalmente con escritura, a nosotros ya nos vale. Es nuestra lengua. En casa jugamos así. Es nuestro modo particular de hablar en algunas ocasiones. Y de momento, ni mi hija ni yo tenemos Estado. Fronteras sí que tenemos porque como pongas un pie en nuestra casa con esa actitud supremacista, te vamos a escanear hasta el duodeno. Con cariño. Eso sí, el día en el que nuestra humilde morada sea un Estado, adoptaremos la forma de república. Ya sabes, para ir entrenando.

Pero vamos a la primera definición. Un idioma es la lengua de un pueblo o nación, o común a varios. Pueblo o nación, que no Estado. ¿Entenderéis los españoles algún día la diferencia entre Nación y Estado? Porque la diferencia entre lengua y dialecto ya es un caso perdido. Sueño con la posibilidad de que algún día en España la distinción entre Nación y Estado sea tan sencilla como la que permite distinguir a Andy y Lucas porque, obviamente, ambos juntos forman las fotos del antes y el después de una dieta de adelgazamiento.

En fin, aunque te duela, aunque te produzca cierta quemazón intelectual, el catalán en Catalunya es un idioma de iure porque es oficial y lo es de facto en toda la Vía Láctea porque la gente lo habla, se escriben libros, hay medios de comunicación que lo utilizan, tiene gramática propia, una historia milenaria y con él se pueden escribir frases como quan contis contes compta quants contes contes, perquè si no portes el compte de quants contes contes, mai sabràs quants contes pots contar i perdràs el compte. Y no, el catalán no es un idioma de iure en Japón, en Noruega o en Dinamarca, como el castellano, por cierto. Pero ambos son idiomas de facto. Y sí, hay un Estado en el que el catalán es un idioma oficial de iure y de facto. Se llama Andorra y si le dices a los andorranos que miren su DNI con ese tonillo hispanochulito que gastan algunos, se parten la caja de la risa.

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