Cuando te levantas sin ganas de insultar

ai

Estimado, o no:

Oye, estupendo. Me parece genial que no necesites insultar a Catalunya. Eso es que te has levantado bien. ¡Hoy no necesito insultar a Catalunya!, te has debido decir al hacer el primer pipí y mirarte en el espejo. ¡Muy bien! Como catalán te lo agradezco. Últimamente hay mucha gente que necesita hacer running, comer tofu o insultar a los catalanes. A mí lo del running y lo del tofu me produce cierta indiferencia pero que me insulten por el hecho de ser catalán, me toca bastante el páncreas (permíteme que nombre otro órgano alternativo para no resultar grosero). 

En fin, ojalá el respeto hacia aquellos que no piensan como nosotros fuese tan sencillo como insultar. Y es que el temita no deja de ser curioso. Quiero pensar que en todos los colegios del mundo se enseña a respetarse. No sé, quizás esté equivocado pero en los horarios de los escolares vienen asignaturas como Matemáticas, Ciencias sociales, Medio natural, Lengua castellana… No hay una asignatura para aprender a insultar. ¡Hola, niños! ¡Hoy aprenderemos palabras nuevas: cabrón, gilipollas, adoctrinado, paleto, lazi! Pues no, la asignatura de insultar no existe pero se ejerce con una alegría y un desparpajo que ríete de los gangsters de las pelis de Tarantino.

Cambiando de tema. Soy catalán pero no me siento de una raza superior. Me duelen las cervicales, la espalda, me repite el gazpacho, cuando llueve me mojo y si me pinchan, sangro (me he puesto en plan Shylock). Pues no, no me siento de ninguna raza superior. De hecho, no me siento de ninguna raza. Tengo ADN humano y mis células han construído a un cincuentón que se mueve a 108.000 Km/h alrededor del Sol. Como tú. Como tus familiares. Como tus amigos. Somos ADN humano y dudas. Somos células e inquietudes. Somos química y azar. Tú en Andalucía y yo en Catalunya. Y supongo que tú querrás ser libre… y que nadie te diga cómo debes pensar. Supongo que te gusta no depender de otras personas o que te impongan una identidad por la fuerza. Y supongo que no te agrada que te insulten. Como a mí.

Yo no sé qué haréis por Andalucía pero supongo que en una sociedad de 8,4 millones de habitantes, debe haber de todo: vagos, trabajadores, egoístas, generosos, prepotentes, humildes… Aquí en Catalunya sucede lo mismo. Y como me imagino que a mí no me gusta que la anécdota se convierta en categoría y que a los catalanes nos llamen tacaños, o a los independentistas, nazis, a ti tampoco te debe gustar que os llamen vagos. Por eso, en vez de generalizar, quizás lo más justo sería analizar a personas, una a una. Porque cada persona es un mundo y el mundo son millones de personas.

Lo dicho, no me siento de una raza superior. Pero, eso sí, el valor en el mercado del respeto, de la convivencia, de la aportación a la sociedad y de los análisis de la realidad, es diferente en cada persona. Porque cuando nacemos, todos somos iguales. No controlamos nuestros esfínteres, tardamos un año en caminar y nuestra principal preocupación es buscar el chupete perdido en la cuna. Eso sí, después, todos nos vamos diferenciando poco a poco.

Pots seguir el BLOG SOCIETAT ANÒNIMA a:

1024px-Instagram_logo_2016 Instagram

logotw Twitter @blogsocietat 

Unknown Facebook

youtube

YouTube