Huevolandia

huevos

Estimado, o no.

Uno de los aspectos que más me han sorprendido de estos años de lecturas en las redes sociales es la fijación que algunos tenéis con los testículos. De la frase de Protágoras, “el hombre es la medida de todas las cosas”, hemos pasado directamente a “los testículos son la medida de todas las cosas”. Se ha concedido una importancia tan enorme a las gónadas masculinas que no parece que haya vida más allá del escroto. El día que vengan con wi-fi puede ser el fin del mundo.

Las cosas se hacen “por cojones”, se dice que tal persona no tiene cojones cuando no es valiente y, cuando alguien se enfada, lo siguiente es manifestar que está “hasta los cojones”. Como hombre, tal fijación me deja un tanto desconcertado. Si los hombres estudiamos, leemos, viajamos o intentamos tener una carrera profesional más o menos digna, no es para rendir culto a los testículos. De hecho, nos conformamos con encontrar los calzoncillos adecuados para no sufrir rozaduras o que ningún golpe fortuito nos haga ver las estrellas. Nuestra relación con los testículos es discreta. Están ahí, no nos olvidamos de ellos, pero tampoco aspiramos a fundar ninguna religión que les rinda culto.

Me pregunto en qué punto de nuestras vidas alguien nos obligó a demostrar algo por el hecho de ser hombres. Los anuncios de lavadoras se dirigen a las mujeres como si sólo ellas pudiesen entender la tecnología que permite lavar la ropa, los de cocina casera suelen obviar a la figura paterna a la que, como máximo, se le concede la posibilidad de calentar algo en el microondas y las visitas al ginecólogo para acompañar a tu pareja porque vas a ser padre se convierten en las memorias del hombre invisible. Yo no quiero ser un sustento de testículos. Me niego a que mis piernas sean el medio de transporte de dos testículos que deben demostrar no sé muy bien qué.

No quiero que los testículos simbolicen nada. Devolvamos a los testículos al lugar que realmente deben tener en la sociedad: la región perineal tras la base del pene. Nuestras vidas, como hombres, se deben centrar en proporcionar energía al auténtico motor de todo: el cerebro. En el cerebro reside la imaginación, la creatividad, las emociones, las decisiones, la memoria… Reivindiquemos como hombres nuestras capacidades cognitivas y que no sea la posibilidad de fabricar espermatozoides la única razón de nuestra existencia. Queda dicho y lo siento si te toco los…

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