Los gorpita

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Estimado, o no:

¡No me hagas esto! Tengo las neuronas justas para pasar el día y ya es casi mediodía. Es que si las gasto ahora intentando leer tu texto, después se me queda cara de tonto durante todo el resto de la jornada. Uf… ¡qué cansancio! Vayamos por partes, como dice Juan José Padilla cuando se mira en el espejo. En primer lugar, ¿a qué viene ese despliegue de comas? ¡Si casi hay más comas que palabras! ¡Que parecen cagaditas de cabra! Leer tu texto en voz alta es un homenaje al traqueteo. Es como ir en un carro por un camino de piedras, como practicar sexo encima de una lavadora que centrifuga dentaduras postizas, como comerse un flan con un vibrador. ¿Entiendes, lo, que, te, estoy, diciendo?

Pero lo que más me llama la atención del mensaje que has lanzado a la Humanidad es lo de GORPITA. ¿Qué se supone que es un gorpita, el amigo de Doraemon? ¡Has escrito bien la palabra golpe y después nos regalas cuatro puñeteros GORPITA! ¿No ha habido ningún segundo, de todos los que has empleado para escribir el tuit, en el que hayas conectado la palabra golpe con golpistas? ¿Ni uno? ¡Que no es ingeniería aeronáutica! ¡Que nadie te pide que diseñes un edificio o escribas una novela de quinientas páginas! En fin… estoy enfadado. Ya se me pasará cuando digiera tu homenaje a las comas.

Twitter es una plaza pública. No hay fuentes, ni bancos para que los ancianos den de comer a las palomas, ni parejas comiéndose la boca. Sin embargo, Twitter es un espacio público, como un parque, un aeropuerto o un plató de televisión con gente que grita y retraso emocional. Twitter no es un diario personal que acabará en un cajón. Twitter no es la habitación en la que se encierra un adolescente con sus pósters, las fotos de sus colegas y el papel higiénico (otro día hablaremos de la función del papel higiénico en las habitaciones de los adolescentes). Twitter no es un chiste explicado en voz baja en una biblioteca, ni el susurro en la oreja de tu amante, ni el secreto que un niño de P5 le confía a su mejor amigo. Twitter es una plaza pública en la que hay 330 millones de personas. Cada día se escriben 500 millones de tuits y hay 100 millones de usuarios activos. Y cuando escribimos algo, debemos ser conscientes de que eso puede llegar a muchas personas. Es como subirse a un quiosco de la ONCE en la plaza del pueblo y ponerse a gritar. ¿Es eso lo que mejor nos puede definir? ¿Transmitimos lo que hace de nosotros mismos unas personas mínimamente interesantes? ¿O nos da igual? ¿Pasamos de todo? ¿Nos la suda la imagen que proyectamos de nuestro intelecto?

Si no somos capaces de escribir un texto, enviemos GIF’s. Perros que parece que sonrían, gatitos limpiándose las patitas con la lengua, Mr. Bean haciendo una peineta… En el 2015 más de 100 millones de tuits contenían un GIF. Quizás sea la solución para establecer nuestra relación con 330 millones de personas.

Moltes gràcies al Toni Albà per fer-me arribar aquest tuit.

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