Soy catalán. Lo sé, fue suerte

susanita

Cuando Adán y Eva decidieron desobedecer y consumir el fruto prohibido del árbol del conocimiento del bien y del mal nació el pecado original. Según el Catecismo de la Iglesia católica, por su pecado, Adán perdió la santidad y la justicia originales que había recibido de Dios, no solamente para él, sino para todos los humanos. Además se quedó sin vidas en el Candy Crush. Y no sólo eso, Adán fue condenado a ganarse el pan con el sudor de su frente y Eva a parir con dolor. Después el Partido Popular descubrió los sobresueldos de amigos empresarios, con lo que lo del pan y el sudor quedaba delegado a los currantes. Por otra parte, Fidel Pagés inventó la epidural. El caso es que, si te consideras cristiano, naces ya con el pecado original, lo que viene a ser como tragarte una Constitución que no votaste porque en el 78, o no habías nacido, o estabas mirando “Los payasos de la tele” y cantando “Susanita tiene un marrón” (o quizás era un ratón).

Soy catalán, dos palabras que si pronuncias juntas pueden provocar que el vello púbico de algunas personas se erice en señal de peligro (este efecto fisiológico lo vi en National Geographic con unas cebras del Kilimanjaro o quizás fue en “El último tango en París”. No lo recuerdo). Repito: soy catalán. Eso significa muchas cosas hoy en día. Puedes decir: soy un rinoceronte y nadie te mirará mal (siempre y cuando no plantes un pino a su lado). Pero si dices: “soy catalán”, corres el riesgo de que alguien te culpabilice de sus fracasos. Es nuestro “pecado original”. ¿Que el PSOE fracasa en Andalucía? La culpa es de los catalanes. De los ERE’s fraudulentos y el paro, no hablemos. ¿Que la ultraderecha se cuela en el parlamento andaluz? La culpa es de los catalanes. Al parecer, los 400.000 votantes de VOX escucharon sardanas en Spotify y decidieron confiar en los que hablan de Reconquista por rechazo al flabiol (he dicho flabiol y no Albiol, aunque el rechazo pueda ser parecido en oídos sensibles).

Homer Simpson dijo que, en caso de accidente en la central nuclear, tienes que echar la culpa al tipo que no habla inglés. Eso es lo que sucede ahora mismo en este reino de barcos que se hunden, estaciones de AVE vacías y Villarejos que tienen más hits que los Beatles. En caso de duda, culpabiliza a los catalanes. Demonízalos, estigmatízalos, boicotéalos, siléncialos y margínalos, hasta que tengan unas enormes ganas de quererte y compartir toda una vida a tu lado. No se había visto tanto amor desde que Chuck Palahniuk escribió “El club de la lucha”. Bueno, al menos nos dejó la frase: “al perder la esperanza hallé la libertad.”

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