La Historia de España es líquida: sangre y semen

gargara

Estimado, o no:

Dijo David Trueba que te empiezas a hacer mayor cuando los futbolistas a los que admiras son más jóvenes que tú. Yo añadiría que también se inicia el camino a la madurez cuando comienzas a desmitificar aquello que creías incuestionable. Y es que llega un momento en la vida en el que los padres ya no te parecen omniscientes, los profesores a los que admiraste se han visto superados por Google y los ronquidos de tu pareja ya no son aquella música polifónica que te acompaña por la noche, sino una tortura comparable a un concierto de música militar con la cabra de la legión haciendo de soprano.

Sin embargo, la desmitificación vocacional se antoja como una manera de abrir plano y descubrir que la realidad es mucho más amplia, compleja y caprichosa de lo que pensábamos. En este proceso de madurez, uno de los mitos fundacionales más auténticos de una sociedad es el de desmitificar su Historia. Y en eso a España le falta mucho recorrido.

La Historia de España, como la de Europa, es un relato muy líquido. De dos fluidos, concretamente: sangre y semen. Sangre porque las fronteras se han dibujado a base de violencia, genocidios, bombardeos y represión. Y semen porque el folleteo entre príncipes, princesas, reyes y reinas ha sido constante. Sé que podría haberlo llamado “uniones dinásticas”, que queda más fino, pero si algo ha caracterizado a los monarcas es que las joyas de la corona siempre han ido de cama en cama y me tiro a alguien porque me (la) toca y quiero soberanías ajenas.

En la película argentina “Nueve reinas”, un personaje asegura que “putos no faltan, lo que faltan son financistas”. Pocos podrán negar que las monarquías, además de financiar a los artistas, a los mercenarios y a los periodistas, han repartido dinero a putos, putas y lo que hiciera falta. Y eso que han existido monarcas con los que había que tener mucho estómago para acostarse con ellos. El mejor ejemplo es Felipe IV, que como todos los Habsburgos era feo hasta decir basta. Eso sí, tuvo 46 hijos, aunque sólo dejó un heredero. Casadas, viudas, doncellas, damas de alta cuna y hasta su sobrina de doce años pasaron por su catre, a pesar de tener esa mandíbula de familia con la que para hacer un cunnilingus necesitaba que no hubiera nadie en el sótano. De todas maneras, en aquella época no escribían tuits, ni miraban Operación Triunfo, pero copulaban como conejos.

En resumen, el que muchos creen que es un relato épico de las Españas, en realidad es una mezcla de películas de John Wayne y de Nacho Vidal. Balas y polvos. Sangre y semen.

Por eso te animo a que desmitifiques el relato fundacional de España y su Historia. Afirmas, por ejemplo, que Felipe V unificó jurídicamente Catalunya con España. Si a derogar los derechos de los catalanes lo llamas “unificar jurídicamente”, la Constitución debe ser para ti algo así como un Kamasutra sin dibujos: postureo con posibilidades de acabar con lumbago. No, Felipe V no unificó jurídicamente nada. Utilizó a 40.000 soldados y 150 piezas de artillería para acabar con Barcelona en un asedio que duró más de un año. Muy machote, el Borbón. Más de un año necesitó para someter a los barceloneses. Más de un año bombardeando a población civil. Por lo menos, Felipe IV mantuvo su fusil limpio yendo de cama en cama. Ahora sólo falta saber si la sexta temporada de los Felipes se parece más a la cuarta o a la quinta. Si el guionista es Villarejo, quizás lo sabremos pronto.

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