Me voy a hacer facha

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Ya está. Lo tengo decidido: me voy a hacer facha. Ser facha es upper, es trending, es cool y está bien visto, aunque no hables inglés y desconozcas qué es upper, trending o cool porque para qué hablar inglés, si con el español te entiende todo el mundo. Ser facha es la sublimación de un anuncio de compresas: puedes montar a caballo como Santiago Abascal, pasar la mañana en el Valle de los Caídos, reconquistar vete a saber qué, amenazar sin que te suceda nada, insultar como forma artística de libre expresión en un ejercicio de patriotismo y emocionarte con la cabra de la legión cuando mueve el culo dejando conguitos a su paso. Y es que ser facha es como escribir cada día una carta a los Reyes Magos (o a los otros, aún tengo que decidirlo).

Que sí, que sí, que me voy a hacer facha. Es lo más fácil. Lo difícil es ir contra el poder, protestar, proponer cambios en los modelos sociales, políticos y económicos, convencer a los demás de que uno puede estar mejor y de que la transformación no debe comenzar cuando tenga lugar un Apocalipsis zombie porque, al fin y al cabo, zombies no nos faltan y lo que puedas cambiar hoy déjalo para mañana porque para eso tenemos la Constitución que todos nos hemos dado, forever and ever.

Me voy a hacer facha, egoísta, individualista, neoliberal y voy a gritar con todas mis fuerzas: ¡¡¡sálvese quién pueda!!! y después salvarme primero. Y que no me molesten con lo del plurilingüismo, hombre ya, qué manía con lo de hablar lenguas, si total, señalando las cosas y gritando palabras en castellano ya te entienden en cualquier restaurante del mundo. ¿Y lo de la multiculturalidad? Si yo lo que quiero es ver fúmbol, a la selección española y después una buena corrida… de toros, claro. A mí me ponen los toreros. Qué guapos, con su traje de luces y su paquete colocado estratégicamente para que el toro no se distraiga y al torero no se le ponga voz de castrato después de una certera cornada.

Yo quiero se facha y que en las teles españolas nadie me cuestione. Quiero llorar con la rojigualda y que mis mocos sean considerados patrimonio material de la Fundación Francisco Franco. Quiero que mi cerebro pueda escuchar la voz del caudillo con el tono de voz de Darth Vader: español, soy tu padre. Quiero gritar “arriba España” en la cola del INEM como si se fuera a acabar el mundo. Quiero mirar mi DNI sin que nadie me diga: mira tu DNI.

Ser independentista es muy cansado. Debes demostrar perfección en todas y cada una de tus acciones, medir las palabras, autocensurarte porque nunca sabes quién puede leerte y ponerse de mal café, no llevar lazos amarillos porque ofenden, no llevar esteladas porque ofenden, no hablar catalán en según qué sitios porque ofende, no respirar demasiado oxígeno porque ofende… Ser independentista ofende. Ofende alejarse de la corriente mayoritaria de opinión porque pertenecer al 84% de población no catalana es más fácil que pertenecer al 16% de población catalana (llámalo democracia demográfica), ofende proponer referéndums, ofende votar, ofende manifestarse, ofende, ofende, ofende… ¡OFENDES, INDEPE! Por eso me voy a hacer facha y así no tener que justificarme. Quiero tener a toda la prensa española a favor, que Susanna Griso y Ana Rosa Quintana hablen bien de mí, que en La Sexta blanqueen mi fascismo, que el rey no me amenace y saber que caigo bien al establishment. Quiero que Albert Rivera y Pablo Casado no me miren con cara de mala hostia. Quiero que Inés Arrimadas practique conmigo su acento andaluz. Quiero viajar por España con mi pulsera española sin temor. Quiero ser facha de pura cepa.

Ya está. Lo tengo decidido: me voy a hacer facha.

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