Cuento de hombres que salen solos de noche y visten de manera provocativa

luis

Es culpa tuya. Lo que te ha pasado es culpa tuya. Lo sabes. Para empezar, no sé qué hacías solo en ese callejón oscuro. Nadie te manda que te metas por lugares oscuros. Un hombre de tu edad lo debería saber. Siempre debes ir acompañado cuando salgas por la noche. Hazme caso. Y después… tu vestimenta. ¡Por amor de Dios! ¿Por qué te vistes así? ¿No ves que vas provocando? No te desabroches la camisa porque pareces un prostituto. Te lo digo desde el cariño. Si es que… ¡venga! ¡Toda la pelambrera asomando! ¡Donde hay pelo, hay alegría! Claro, después pasa lo que pasa. ¿Y tu forma de bailar? Ese movimiento de cintura mientras sujetas el cubata es irresistible. Y el culito… No me extraña que la gente se ponga toda loca contigo. Además, juraría que te has metido algo en el paquete. ¿Qué es, un calcetín? ¡Que ya no estás para eso, hombre! Además, te he dicho mil veces que te depiles la nariz y las orejas. Que no eres un troll noruego. Que sí, que sí… que quizás te haga muy machote pero… no sé… debes ser más discreto. Parece que lleves un letrero luminoso en el pecho diciendo… bueno, lo que te imaginas.

No te habrá visto nadie tomándote la Viagra, ¿no? Esas cosas las debes hacer sin que te vea nadie porque se puede interpretar mal. Tomarse la Viagra es enviar un mensaje muy claro y deberías hacerlo a solas. Te vas al lavabo, te encierras y te la tomas. Después no te quejes, si te pasa lo que te pasa. Y no bebas alcohol. Un hombre no debe beber alcohol si no quiere que le sucedan esas cosas. Sobriedad, hombre. Sobriedad. Si pasas de la fase “cantos regionales” a la fase “exaltación de la amistad” es tu responsabilidad. Claro, la peña te ve todo pasado de vueltas y cree que buscas rollo. Y no es eso. Cuando salgas por la noche, nada de alcohol, nada de llevar ropa vistosa, nada de bailar y nada de hablar con nadie. Nunca se sabe. Mira, de hecho, creo que no deberías salir por la noche. Si te quedas en casa, no te pasará nada.

¿Ya cerraste bien las piernas? ¿Te pusiste las manos en el paquete e hiciste fuerza? ¿Quedó claro que no querías? Ya sabes que las cosas a veces se malinterpretan. Un no a veces parece un sí. ¿Te resististe lo suficiente? ¿Pusiste cara de que te estaba gustando? ¿Gritaste lo suficiente? Ya sabes que en el juicio la defensa irá a por ti. Y no sólo la defensa: las televisiones, los tuiteros, los cuñados profesionales… todo se centrará en averiguar si tu conducta ha sido siempre intachable. ¿Sabes que tarde o temprano alguien dejará de pixelarte la cara en las fotografías? ¿Sabes que alguien averiguará quién eres y te van a mirar todas tus cuentas en las redes sociales? Quizás lo mejor es que no lo denuncies. Pasaste un mal rato y ya está. Ahora sólo se trata de que vigiles mucho más. No podrás pasear por donde quieras, ni correr en según qué parques, ni a la hora que quieras, deberás vigilar qué ropa te pones, qué gestos haces, cómo bailas, delante de quién bailas, no hacerte fotos sexys y colgarlas en Instagram… Lo sé, vas a tener que dejar muchas cosas que coartarán tu libertad de hombre. Bueno, quizás hay otra solución: luchar cada día para que ninguna mujer tenga miedo de nada y para que ficciones como ésta sean totalmente innecesarias.

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