En otra vida quiero sentirme español

chico

Estimado, o no:

¡Uf, qué envidia! En otra vida quiero sentirme español. Leí en la revista “Flores silvestres… y otros capullos” que, si te sientes español, además de saber a qué verbo corresponde el vocablo “supierais”, te aumentan repentinamente las sinapsis neuronales. La actividad cerebral se activa tanto que con cinco años eres capaz de escribir novelas como Belén Esteban y con cincuenta y cinco, eres capaz de entender la ironía de la primera afirmación. ¡Quiero sentirme español!

No sé si lo lograré en esta vida, aunque espero que el karma no me trate especialmente mal. Deseo reencarnarme en un patriota rojigualda para saber qué se siente teniendo esa clarividencia, esa capacidad para comprender la realidad y para olvidar la pérdida de territorios del imperio español o su invisibilidad en la geopolítica mundial. Debe ser magnífico emocionarse con los discursos del rey en Navidad, que una nube de ternura te envuelva viendo el gracioso culito de la cabra de la legión cuando desfila o reivindicar que Arcadi Espada sea el nuevo Obi Wan Kenobi. ¡En serio, qué envidia!

Yo, en cambio, como catalán me tengo que conformar con mi poca inteligencia. Qué lástima. Una pena. Debe ser la proximidad del mar y el hecho de haber sido invadidos por tantas civilizaciones. Nada. No nos dejaron nada de sus descubrimientos, de su ciencia o arte. Por ejemplo, es una lástima que la Fundación CYD (Conocimiento y Desarrollo) presentase el pasado mes de mayo los resultados de la quinta edición de su ranking de universidades españolas y que en Catalunya se concentren los mejores resultados. Quizás ese nivel tan bajo se debe a nuestros médicos. Bueno, ya sé que Catalunya es líder mundial en trasplantes de órganos. Pero eso no tiene ningún mérito. Como tampoco lo tiene el Parque de Investigación Biomédica de Barcelona, uno de los grandes centros de investigación biomédica del sur de Europa. Lo que no entiendo es que el gobierno de España y la Generalitat financiasen la construcción del sincrotrón ALBA en Cerdanyola del Vallés, con lo tontos que somos. Porque lo de estar siempre en el informe PISA por encima de la media de España y de la OCDE es casualidad. Poca cosa.

Yo, como catalán, te pido perdón por ser tan tonto. Lo de querer una nueva Constitución es de tontos, con lo moderna que es la española. Hay que ser muy inteligente para querer un rey para toda la vida. Un rey que no has elegido y que, como además es inviolable, puede hacer lo que le dé la gana. Barra libre. ¡Mola un montón! Y qué decir del resto de estructuras del Estado. ¡Son tan modernas! Es ver a los miembros del Consejo General del Poder Judicial y piensas: “quiero ser joven otra vez. Y mujer”. Porque ya se sabe las oportunidades que tienen las mujeres en todos los ámbitos. Y lo seguras que se sienten.

Lo dicho: quiero sentirme español para que algún bar de Londres me contrate para hacer cafés. Ya se sabe que en España a los jóvenes talentosos no se les deja escapar. El paro juvenil es residual porque, si te sientes español, la vida se ve de otra manera. Ves el paro, la prima de riesgo, la deuda externa, las pensiones que peligran y el aumento de la ultraderecha como nuevas oportunidades, retos, como pasar una nueva pantalla del Candy Crush, pero con un falangista soplándote en el cogote. Precioso, en serio. Quiero sentirme español en otra vida. En ésta, de momento, prefiero sentirme catalán. No sé si garantiza algo, pero al menos lo vivo como algo propio.

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