La omnisciencia de Madrid

antonio

Estimado, o no:

Envidio sus tres grandes museos, sus cercanías de Renfe, su red de autovías gratuitas y el efecto capitalidad pero, sobre todo, envidio de Madrid su omnisciencia. ¡Qué cosas tiene la meseta! Debe ser el aire de la Sierra, el oso, el madroño o los bocatas de calamares, pero qué envidia me produce esa capacidad para obtener la sabiduría plena. Para algunos, ser madrileño, aunque sea de adopción, supone vivir en el Oráculo de Delfos, la Enciclopedia Británica, Google y la grabadora de sonido de Villarejo, todo al mismo tiempo.

La omnisciencia es la capacidad de saberlo todo, es el conocimiento nivel Jedi. Y cuando digo todo, me refiero a todo. Sólo hay que oír a alguno de esos tertulianos que desde el ombligo del mundo mundial nos regalan los oídos diariamente con su conocimiento sobre la realidad catalana. Después les hablas en catalán y es, pobrecitos, de lo único que no tienen la más mínima idea. El catalán es su kriptonita, su tendón de Aquiles, el Froilán de la monarquía.

Se dice que la omnisciencia es un atributo de Dios en las religiones abrahámicas. Está la omnisciencia inherente, consistente en saber lo que se quiera saber (aunque para eso está el móvil y una conexión a internet) y la omnisciencia total, que es saber todo lo que se puede saber (móvil, conexión a internet y cuñadismo vocacional).

Repito, envidio de algunos madrileños su omnisciencia divina, el no tener creencias falsas porque, no solo son todas las creencias de algunos madrileños verdad, sino que el alcance de su conocimiento es total. Ellos conocen todas las proposiciones verdaderas. Por supuesto, no tienen lavado el cerebro y son supercríticos. “Sólo sé que lo sé todo”, es su mantra diario. Eso se debe a años de aprendizaje en el control mental y a una sed de conocimientos que no ha conocido civilización alguna. Son capaces de desgranar todos y cada uno de los ingredientes sociológicos de Catalunya a 600 Km de distancia. Eso sí, cuentan con la inestimable ayuda de Ana Rosa, Susana, Losantos, La Sexta, Casado y Rivera, precogs salidos de “Minority Report” que han tenido a bien iluminarlos con sus profecías. Jódete, Nostradamus.

En cambio, los indepes somos todos unos paletos. Qué lástima. Nos han lavado el cerebro. Y es que nos ponen delante la bandera de España y… nada… no nos ponemos palotes. Escuchamos el himno del reino y… nada… como si oyéramos llover. Qué envidia me dais en Madrid. Qué suerte que el monolito de “2001, una odisea en el espacio” aterrizará en el Parque del Retiro para otorgaros el poder inescrutable de la omnisciencia. Aún no sé por qué no bailáis el chotis con “Así hablaba Zaratustra” (en versión madrileña sería “Así hablaba Borjamari”).

Pues nada, en el testamento, y aunque seas un madrileño de adopción, permite que tu cerebro sea estudiado por la ciencia. Y que la modestia no te impida ofrecer al mundo la solución para el hambre, las guerras, las epidemias o la cura del cáncer. ¡Grandes son algunos madrileños y muy poderosos; su entendimiento es infinito!

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