Andaluces “transgénicos”: disfrutad de lo votado

transgénico

Estimados, o no, ciudapeperos:

Está muy bien que defendáis los derechos del colectivo LGTBI. De lo que no estoy tan seguro es de que defendáis los derechos de las personas transgénicas porque los transgénicos son organismos modificados mediante ingeniería genética en los que se han introducido uno o varios genes de otras especies. Eso genera la posibilidad de ver a un señor de Albacete con el pene de un caballo para asombro de sus compañeros de vestuario, a una votante de VOX con boca de ornitorrinco incapaz de decir “vivaspaña” o, en el peor de los casos, a monarcas con cuernos de alce. Después a ver quién es el guapo que le pone la corona… o le hace un reportaje en el Hola que justifique esos cuernos cuando ya no son metafóricos. Que la cosa está muy malita… Pero antes de buscar el gen necesario que me asegure la capacidad sexual de un bonobo, voy a analizar otro tema.

Supongo que muchas veces os habréis planteado cuál es la diferencia entre Coca Cola y Pepsi. Aunque los ingredientes son casi los mismos, existe una diferencia fundamental que hace que el sabor cambie: la Pepsi tiene ácido cítrico y la Coca-Cola, no. Los expertos además aseguran que la Coca Cola posee un cierto gusto a vainilla y pasas.

En otros ámbitos surgen cuestiones parecidas. Por ejemplo, Motorola y Lenovo pertenecen al mismo grupo. Sin embargo, para unos mercados se opta por la marca Lenovo, mientras que para otros la de Motorola. Después sucede que la Moto Tab es idéntica a la Lenovo Tab 4 Plus de diez pulgadas. De hecho, las fotos promocionales son muy parecidas.

Pero si parece sencillo diferenciar la Pepsi de la Coca Cola y un ordenador Motorola de un Lenovo, hay un caso político en España que me provoca enormes dudas. Y es que llevo tiempo dándole vueltas a las diferencias entre Pablo Casado y Albert Rivera. Los dos son Borjamaris, los dos son más fachas que Abbas Kahl y los dos constituyen la gran esperanza blanca de la derecha (con permiso de VOX, claro). Son el yerno que a toda señorona franquista le gustaría tener. Bien peinaditos, look de nuevas generaciones del PP-C’s, sonrisita traviesa y esa pose diseñada por la FAES. En sus discursos la demagogia corre a raudales; no destacan por la profundidad de sus pensamientos, ni por sus apelaciones a la cultura; se dejan llevar por el populismo 3.0 y su Leviatán somos los indepes catalanes. Son también ambos defensores de la monarquía, de la Constitución, del neoliberalismo, del IBEX35 y de las estructuras tardofranquistas del Estado. Entonces, ¿qué diferencia a Casado de Rivera? ¡Que no sea el uso de transgénicos! Al fin y al cabo, en el bigote de Aznar había mucho ADN.

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