Quitemos las etiquetas

duna

Estimada, o no:

Siendo madrileña, me entenderás perfectamente. Yo adoro a los madrileños, pero a los normales. Los que tienen branquias, cuello de jirafa, pene de caballo y aliento de velociraptor me dan un poco de grima. Llámame tiquismiquis pero… no sé… no me imagino una buena velada a su lado por muy madrileños que sean. Eso sí, con el resto no tengo ningún problema. Bueno… sí. No me acaban de gustar aquellas personas que dividen a las otras personas en normales y anormales. Es como un poco… ¿supremacista? Porque se supone que las normales son las buenas, ¿no? Siguen una norma. Se entiende que responden a unos cánones normales, tienen ideas normales, actitudes normales, gustos normales… Me imagino que para ti, emocionarse ante una bandera española que mide 21×14 metros, pesa 38 kilos y ondea en la Plaza Colón de Madrid cuando hace mucho viento, es normal. Si te plantas delante de ella, se te eriza la piel ante la visión de una tela bicolor o experimentas una patriótica eyaculación interior es que eres… normal. También lo debe ser escuchar atentamente los discursos de Navidad del rey y creer que su conferencia TED anual va a revolucionar la historia del pensamiento universal. De hecho, no sé cómo las personas normales no habéis protestado porque el rey no haya dado aún una conferencia TED. Mechachis. No es normal. ¿O sí? Uf, qué lío.

También debe ser normal que el ejército desfile ante la población, con lo bonito que sería que fuesen los agricultores quienes lo hiciesen con sus tractores. ¿O es que no comes fruta? Al fin y al cabo, los agricultores nos alimentan con su trabajo y los militares la única guerra diaria que ganan es la de no engordar (guerra en la que estamos todos, por cierto).

Yo soy anormal (o si prefieres, subnormal, infranormal, paranormal, supranormal, extranormal, Hemoal… bueno, eso no). Soy anormal según tus cánones de lo que es normal. Aunque según mis cánones de lo que es normal, quizás tú eres anormal (o si prefieres, subnormal, infranormal, paranormal, supranormal, extranormal, Hemoal… bueno, eso tampoco). El concepto de lo que es normal depende de lo que entiendas por normal. Para muchos es normal que Belén Esteban escriba libros o que Toni Cantó sea actor. Qué cosas.

Tengo una teoría: el mundo camina hacia la idiotez. Lo sé, sería un estupendo título para una conferencia TED. Tenemos pruebas muy evidentes de que el mundo se está idiotizando. Por ejemplo, la página web de Apple advertía de que el iPod Suffle no era comestible. ¿Por qué? Pues porque algún idiota de un pueblo perdido de Connecticut se lo debió comer y le debió sonar Shakira mientras estaba sentado en el trono del rey, después del matutino café con leche y cigarrillo. Waka, waka. ¿Sería necesario en una sociedad inteligente advertir que un iPod Shuffle no se come? No. Pero nos estamos idiotizando. Por eso soy partidario de quitar las etiquetas a los productos. Si en la caja de un televisor pone “antes de mirar un programa, encienda el televisor”, quitemos la etiqueta. Que los idiotas de este mundo se queden mirando toda su puñetera vida la pantalla negra de la tele como si fuese el monolito de 2001. ¿Que en la escobilla del WC hay una etiqueta que aconseja no utilizarla para higiene personal? ¡Quitemos la etiqueta! Y que los listos se cepillen los dientes con ellas hasta que se les queden los labios como a Carmen de Mairena. ¿Que en la etiqueta de la bandera española se aconseja no lavarla con agua caliente? ¡Quitemos la etiqueta! Quedará una bandera blanca y, al menos, podréis animar al Real Madrid (que falta le hace). ¿Que hay gente que etiqueta a las demás de normales o anormales? Quitemos las etiquetas. Así, al menos, se perderán en la preciosa complejidad del mundo.

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