Carta al Parlamento extremeño

extremadura

Estimado, o no, Parlamento extremeño:

Me gusta defender las causas justas (entre otras cosas porque, en este lugar del planeta, defender causas injustas no es muy original). Y como me gusta defender las causas justas, creo que mi deber es apoyaros. Efectivamente, tenéis todo el derecho del mundo a recaudar vuestros propios impuestos y a decidir vuestra política de gastos. República independiente de Extremadura (bueno… o monarquía, si entre vuestros ancestros conquistadores encontráis a alguien que quiera hacer de rey o reina. No sé… algún descendiente de los De Alvarado, de Hernán Cortés, de Vasco Núñez de Balboa o el propio Rodríguez Ibarra, que a todos nos conquista con su gracioso verbo y su atractivo físico).

De alguna manera, todo está escrito de antemano. Nacemos, crecemos y un día decidimos que lo mejor para la vida de nuestros padres y la nuestra propia es emanciparnos. Buscamos piso, miramos los clasificados del periódico, nos citamos con propietarios que nos reciben en zapatillas y bata de boatiné, en plan elegantes pero informales… y nos vamos de casa (bueno, volvemos de vez en cuando a buscar los tupperwares con las maravillosas albóndigas de la mama, el taladro del papa… o al revés). Es entonces cuando realmente gestionamos nuestros ingresos y nuestros gastos. La libertad en un sistema capitalista tiene algo que ver con eso. Y si no es así, siempre nos podemos consolar comprando algo que no necesitamos. Por este motivo, estoy seguro de que os merecéis esas cuotas de autonomía, independencia y libertad. Al fin y al cabo, si en los sesenta dejasteis una vida acomodada en vuestras mansiones con piscina climatizada en Extremadura y vinisteis a Catalunya a levantarla, ya va siendo hora de que seáis dueños de vuestro destino y no una gran ONG de fraternidad universal. Ya se sabe que en Catalunya no llegó la Revolución Industrial y tuvimos que esperar a ser descubiertos por la civilización hispana. Por cierto, perdonadnos, si se nos nota cierto acento catalán al decir “sí, bwana”.

Es el momento de que podáis resolver los ligeros problemillas de alfabetización, paro, exceso de funcionarios y dependencia económica de subvenciones. Es hora de echar a volar las ideas, de crear start ups, de potenciar el turismo, de internacionalizar vuestras empresas y de situar a Extremadura como la Silicon Valley del sur de Europa en esta sociedad del conocimiento y la innovación. ¡Os lo merecéis!

¿Sabéis qué pasa? Que a mí del cuento de Blancanieves quien me da más pena es el espejo. Ni la pobre princesita que decidió trabajar de Roomba para siete enanitos, ni mocoso, ni mudito, ni por supuesto la bruja. Ser espejo en este cuento es una tortura. No me imagino qué debe ser tener que responder a la obsesión diaria de la bruja por saber quién es la más guapa del reino y que el espejo con su paciencia de santo le diga que es Catalunya… digo… Blancanieves. Uf, no sé en qué estaba pensando. Lo dicho: República/Monarquía Independiente de Extremadura. Os lo merecéis. Hay talento de sobra.

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