This is the real pain

segarra

Estimada, o no:

En los Juegos Paralímpicos de Sidney 2000, la selección española de baloncesto se coronó como vencedora en la categoría de discapacidad intelectual. Precioso. Los hombres banderita sacaron la estanquera a pasear y el patriotismo se transformó en tinta de titulares. Yo soy español, lo, lo, lo. Sin embargo, un día antes de la clausura de los Juegos, el periodista e integrante del equipo paralímpico, Carlos Ribagorda, denunció para la revista Capital que había participado en la competición sin tener ninguna discapacidad intelectual o motriz. Quería demostrar en un reportaje que la mayoría de los jugadores no padecían ningún tipo de discapacidad. El único requisito para participar era saber jugar a baloncesto. Chooooooofffff. Guarda la banderita, que nos han pillado. Los partidos se pudieron ver a través de la televisión. Había cámaras. Pero diez de los doce jugadores no tenían ninguna discapacidad intelectual. This is the real Spain. This is the real pain.

Y ahora llega un juicio trascendental para el futuro de los muy españoles y mucho españoles y, con la finalidad de demostrar la transparencia y las altas cuotas de democracia que tiene el Estado español, le dices a los observadores internacionales que lo miren por la tele. Ya sólo faltaba aconsejarles que, si se aburren, cambien de canal y que sea Ana Rosa Quintana quien les explique la realidad política (si es que no hay alguna tragedia humana en forma de accidente, violación o asesinato con el que atraer audiencia, claro).

Vamos a imaginarnos la escena de una película. El chico le dice a la chica: te quiero. El montador tiene dos posibilidades. La primera pasa por poner un plano del chico. La segunda sería introducir en ese momento un plano de la chica. ¿Crees que la reacción del espectador será la misma? La empatía, la identificación emocional con los personajes admite muchos matices. Desde que Griffith se dio cuenta de que una escena se podía desglosar en varios planos de diferente escala y no sólo rodarla en un solo plano, a la manera de los hermanos Lumière o Porter, los realizadores audiovisuales continúan desarrollando la gramática audiovisual en todas sus posibilidades. Una cosa es la realidad y otra, muy diferente, es cómo la miras, dónde pones la/s cámara/s, qué tamaño tienen los planos, en qué momento introduces un plano largo o un plano corto, etc, etc, etc.

El juicio se verá por televisión, cierto. Se verá una parte del juicio. Se percibirá la escenificación de un juicio pero lo que hay detrás no se verá. Y lo que se vea lo decidirá un realizador. La visión no será ni mucho menos panóptica. Los detalles, las reacciones, los gestos, las miradas se podrán ver en base a las decisiones de un realizador. Eso es lo que quiere el Estado español que vea el mundo para demostrar que está en la Champions League de las democracias. Bravo. Si esto no es una profecía autocumplida, no sé lo que es. Una más de decenas de profecías autocumplidas. Un arranque más de patriotismo rancio dispuesto a no aceptar consejos o lecciones de mediadores internacionales porque para eso los españoles son muy españoles y mucho españoles.

Mi escena favorita de El show de Truman se produce al final, cuando el barco del protagonista choca contra el decorado. Es cierto que se le abre una puerta y que, al final, tiene la opción de elegir: ¿realidad o ficción? Hay expertos que aseguran que en pocos meses el Banco Central Europeo va a provocar que el barco rojigualda se dé un hostiazo intelectual contra el decorado. Sólo espero que haya una puerta abierta para los catalanes y que se llame República Catalana.

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