Adiós, Inés. Hasta nunca

arrimadas

Estimada, o no, Inés:

Te vas y, como decimos en Catalunya: bon vent i barca nova. En estos momentos tengo una sensación parecida al día en el que se anunció que Soraya Sáenz de Santamaría abandonaba la política o, mejor dicho, el día en el que la política abandonó a la exvicepresidenta del gobierno. Esa sensación se podría definir como alegría. Alegría por ver cómo trasladas tu mal rollo fuera de Catalunya. Porque si algo has gestionado en tu etapa catalana ha sido el mal rollo, la confrontación, la provocación y la sensación de que no tenías nada que aportar a la sociedad catalana.

Nunca te hemos visto disfrutando de nuestra sociedad, de nuestra cultura o de nuestras tradiciones. Es cierto que aprendiste catalán pero, a medida que pasaban los meses, me iba invadiendo la sensación de que era un disfraz para colarte en nuestras vidas. Para mí has sido una española viviendo en Catalunya, jamás una catalana defendiendo los intereses de los catalanes. Has hablado en nuestro nombre, te has ofrecido como garante de una extraña convivencia, basada en quitar lazos amarillos silenciando así la disidencia. Al final, el único interés que has defendido ha sido tu propio interés. Cierto es que la clase política no es una ONG y que en algunos casos la utopía es un ego que acumula cifras en una cuenta corriente que, en el peor de los casos, está en Suiza. En tu caso, la filantropía era algo inalcanzable. La única transformación social que has buscado ha sido llenar los balcones catalanes de banderas españolas porque no te hemos visto sufrir con las familias los desahucios de bancos carroñeros, no te hemos visto reivindicando derechos laborales, no te hemos visto reclamando una mejor financiación, no te hemos visto defendiendo la lengua catalana frente a la omnipresencia del castellano. Todo lo contrario. Ciudadanos nació para hacer populismo y para la controversia. Había ahí un target: votantes desencantados con el PP o con el PSOE. Votantes que han visto siempre la cultura catalana bajo sospecha. Así llegasteis vosotros. Ni de izquierdas, ni de derechas, ¿no? Yo sólo veo españoles, dijo Albert Rivera. Make Spain great again. Los hijos de Bannon, los Macrones con botijo. Pero te vas sin montar un Ulster, sin haber enterrado el movimiento independentista y sin ser presidenta de la Generalitat. Y yo me río.

Estaba claro. Tu presencia en Catalunya ha sido una plataforma para mostrar a los españoles que tú sí defendías la unidad de España. Has denigrado las instituciones catalanas con numeritos impresentables como hacerte fotos en modo Barbie Telva, has gesticulado más que un mimo anfetamínico y has llenado tus apariciones de cartelitos sin importarte que te hayas convertido en un portafotos humano. Y lo has culminado todo con el numerito de Waterloo. No te echaré de menos. Vete a gritar al Congreso. Llénalo de carteles. Envuélvete en la bandera de España. Disfruta de Madrid. Pero en Catalunya: game over. Tú te vas a la capital del reino pero es que nosotros nos quedamos en la gloria.

Antes de decirte adiós déjame que comparta contigo una anécdota. El Premio Nobel de literatura, John Steinbeck, acudió una vez al otorrino aquejado de una sinusitis. Tras un tiempo de tratamiento el médico le dijo:

  • Perfecto, ahora usted podrá hablar bien de nuevo.

  • Yo no hablo doctor, yo gruño- le respondió Steinbeck.

  • Pues a partir de ahora, podrá usted gruñir mucho mejor.

Pues eso, Inés, que gruñas muy bien por Madrid.

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