Los nanoindepes

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Estimado, o no:

Me alegro de que estés viviendo esa etapa tan maravillosa de la vida como es la preadolescencia. Se trata de un período liminal que separa el mundo Playmobil del mundo Playstation que, eso sí, acabará dando paso al mundo Playboy. Por cierto, recuerda que ponerlo debajo del colchón está muy visto. Y esconde el rollo de papel higiénico… que canta mucho a la vista de todos. Tampoco tienes tantos mocos.

No quiero fastidiarte el día pero es bueno que sepas que te saldrán granos pustulentos, te cambiará la voz, te alterarás con facilidad y nunca sabrás cuál es el mejor momento para quitarte el mostacho en modo pelusa aznariana que hará acto de aparición sobre tus labios. Es normal, no te preocupes. El cuerpo tiene la extraña manía de cambiar a lo largo del tiempo. Excepto si eres Jordi Hurtado, claro. Pero hay algo que espero que no te cambie: la ingenuidad. Ojalá la conserves muchos años. Es tan tierno que voy a defecar emojis de corazones.

No te voy a revelar ninguno de los grandes secretos de la vida. Bueno, te daré alguna pista: los Reyes Magos son los padres, el Papá Noel de los grandes almacenes está estudiando Derecho en la Autónoma y los niños no vienen gracias a una cigüeña, sino que se trata de algo menos poético llamado cópula, coito, jugar al teto o “hoy papá y mamá quieren que te acuestes pronto porque están muy cansados”. Pero del resto no te diré nada. Ya descubrirás que al rey no le votó nadie, que conoció a su mujer haciendo zapping, que para ser torero no hace falta sacarse la ESO y que las cajas de doce preservativos se hacen pensando en años naturales.

Pero vamos al tema central de esta cariñosa carta. Al parecer te preocupa que las cuentas de los presos políticos (yo sí lo puedo decir) no estén administradas por ellos mismos. Déjame que te explique la verdad: tienes razón. Lo que te sorprenderá es saber quiénes las administran. Todo forma parte de una conspiración que ríete del Watergate. Resulta que la ANC y Òmnium llegaron a un acuerdo con las grandes empresas de telefonía móvil para que dentro de los móviles hubiese catalanes pequeñitos trabajando en secreto para lograr la independencia de Catalunya. ¿Por qué crees que se hace el Mobile World Congress en Barcelona? No es por la playa, ni por la sangría, ni por el encanto hipotecado de Ada Colau y la sonrisa nerviosa de Quim Torra. Es por los catalanes pequeñitos. Yo les llamo nanocatalanes. Pero no te imagines a Iceta. Son más pequeñitos aún, como el cerebro de un nazi, como la catalanidad de la marquesa Cayetana, como el proyecto político de Inés Arrimadas. Los nanocatalanes están por todas partes: escondieron las urnas, tiraron Fairy el 1 de octubre y se pasan el día untando las hemorroides de Borrell con wasabi. ¿Por qué crees que pone esa cara en todas las entrevistas? Pues nada, ya lo sabes. Hay nanocatalanes en los teléfonos de los presos políticos llevándoles sus cuentas de Twitter. Ahora ya puedes meterte en el sobre, dormir tranquilo y despertarte descansado para salvar a España. Eso sí, antes de dormirte del todo, piensa que puede haber un nanoindepe sentado en tu oreja para susurrarte al oído: “in… inde… independència”.

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