La basura en España es un gran negocio

ecoembes

Estimados, o no:

El profeta Samuel ungió a Saul con aceite de oliva para que fuera rey de Israel. Lo mismo sucedió con el resto de los reyes. De hecho, la palabra “Cristo” quiere decir ungido, en referencia a este ritual de bendición simbólica con aceite. También el aceite de oliva sirve como base de los Santos Óleos, usados en el sacramento de la unción de enfermos, y del Crisma, empleado en el bautismo y en la confirmación. En la antigüedad se usaba el aceite de oliva como combustible. No había carros tirados por motores de aceite que dejasen olor a churrería, pero sí lámparas. Se usa también para fabricar jabones, como hidratante de piel y de cabello, así como para reducir el cociente omega 6/ omega 3, que no sé lo que es pero que seguramente lo anuncia algún famoso que publicita que defeca bien mientras sostiene un yoghourt en su mano. En resumen, el aceite tiene muchos usos.

Para vosotros yo imagino un uso que quede en los anales de la historia (literal), que provoque que pongáis cara de “no es por ahí, cariño”, que con vuestro rostro se pueda hacer una película de Almodóvar en su época gamberra del tipo “Catalanófobos, españolos y otros fachas del montón”. Y es que ahora resulta que la catalanofobia llega hasta a una organización que, según anunciáis, “es la organización medioambiental sin ánimo de lucro que promueve el cuidado del #medioambiente a través del #reciclaje de envases domésticos en España”. Pues quizás podríais depositar vuestro odio en el contenedor orgánico, donde se pudren los alimentos.

Tenéis un community manager muy divertido. Resulta que al tipo se le ocurre preguntar dónde tiramos el aceite cuando no lo puedes reutilizar: punto limpio, desagüe, WC o… prrrrrrrr… redoble de tambor catalanófobo… “Pan tumaca”, que me imagino que es la traducción en modo “catalán KK” de Pa amb tomàquet. ¡Qué bueno! Debió estar el tipo evitando que se le cayeran las babas al teclado de satisfacción al pensar “que se jodan los catalufos con su aceite reciclado que usan para comerse su mierda de Pan tumaca. Juas, juas, juas”. El chistecito lo podríais haber hecho con los “Callos a la madrileña”, capaces de atascar hasta un oleoducto, o con los “Sesos de cordero en su cráneo” que se cocinan en La Rioja pero no, teníais que hacer un guiño catalanófobo para uso y disfrute de los que no nos quieren dentro pero tampoco fuera. Bravo. Me parto de la risa. Estoy tan contento que voy a poner mi DNI en el congelador para que no me caduque.

Estamos llegando a un nivel tan extremo de odio hacia todo lo catalán que me temo que un día abriré un yoghourt y me encontraré debajo de la tapa un “no hay premio, catalufo. Sigue intentándolo”. Quizás en vuestra imaginación recicladora ya estáis planeando nuevos contenedores para tirar productos catalanes: fuet, crema catalana, nuestro dinero… ¡Alto! Eso no, ¿verdad? Nuestro dinerito ya mola más. En fin, reciclad, reciclad, que la basura en España es un gran negocio.

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