Évole: vete a la mierda

colauevole

Estimado, o no: Jordi:

Sé que el titular de este artículo puede resultar poco estético, aunque sospecho que tampoco se deba confundir la ética con la estética. De acuerdo, sé también que quizás tampoco sea ético. Muchos lectores verán en enviar a alguien a la mierda como algo propio de maleducados. Pues sí, hoy reivindico el derecho a ser maleducado, no como tendencia ni como actitud vital, pero sí como vía de escape a la miseria moral del día de ayer. Es lo del seny y la rauxa. Hoy soy maleducado, lo cual, en un lugar en el que poner miradas de odio cuando te están golpeando, tirar aviones de papel o hacer caceroladas es rebelión, puede que sea considerado un delito penal no tipificado aún. Enviémonos a la mierda. Rebeldía tontorrona. ¿Por qué no? Al menos es mejor que dar lecciones morales desde la equidistancia.

A mí me enviaron a la mierda cuando recortaron el Estatut, cuando prohibieron el referéndum, cuando el rey dio validez al “a por ellos” y me siguen enviando a la mierda cuando retuercen la ley para hacer valer la unidad de España o cuando me roban votos en urnas que han puesto ellos. Y es que, ¿sabes lo que sucede? La equidistancia no existe. Estoy leyendo ahora mismo un libro muy interesante escrito por Jaime Rubio Hancock que se llama “¿Está bien pegar a un nazi?”. Se trata de un ensayo desarrollado en clave filosófica que medita sobre decenas de dilemas éticos. Lo dicen las propias palabras. Dilema: situación difícil o comprometida en que hay varias posibilidades de actuación y no se sabe cuál de ellas escoger porque ambas son igualmente buenas o malas. Ética: disciplina filosófica que estudia el bien y el mal y sus relaciones con la moral y el comportamiento humano. Y cuando hay dilemas éticos, uno siempre toma partido porque, no hacer nada, también es una decisión.

¿Enviar a alguien a la mierda es un dilema ético? Sí, por supuesto. Eso sí, la agresividad también tiene grados. En mi caso, enviar a alguien a la mierda significa: ya te he escuchado bastante, tus argumentos en mi opinión son, no sólo prescindibles sino también reprochables, paso de ti. Pasivo agresivo. Y no te envío a la mierda porque tus opiniones desequilibren mi sistema de creencias y yo me resista a cambiar (aunque esto sea una tendencia humana muy generalizada). Te envío a la mierda porque, en mi humilde opinión, tu supuesta equidistancia y la de otras personas presuntamente progresistas es perjudicial.

Ada Colau: ¿hay dilema ético? ¿Me quedo sin ser alcaldesa, aunque pueda formar parte del equipo de gobierno, por no aceptar los votos de alguien como Valls y los de un partido que ha apoyado el 155 o soy alcaldesa gracias a los votos de alguien como Valls y los de un partido que ha apoyado el 155? ¿Ética o poder? ¿Soy coherente con mi trayectoria ideológica a pesar de perder cuotas de poder o quiero despertarme como alcaldesa, aunque ya no sueñe con ser activista con poder político? Ada Colau ha elegido poder pero dejando de ser activista (sí, es mi opinión). Pero, ¿poder para qué? ¿Para hacer qué? ¿A qué deberá renunciar para contentar a los que la han apoyado? ¿Es eso equidistancia? No. ¿Hay equidistancia en tu caso? Por supuesto que no. Tampoco.

Todos estamos en trincheras. Todos. Y es bueno estar en una trinchera. Es bueno defender nuestras ideas y defendernos de los ataques. Es mejor aún salir a campo abierto, tirar las armas y negociar. Pues sí. Está claro. Pero estamos en un país que no sabe dialogar. Prefiere conquistar, ya sean territorios o discrepancias ajenas. ¿O es que los policías y la gente que les alentó en sus tierras gritaron “a dialogar”? Gritaron “a por ellos”, con todas sus fuerzas. Después, como dijo un policía: “metí la porra como si me fuera la vida”.

Ada Colau no ha roto bloques. Ada Colau ha hecho un pacto con el lado oscuro, como Fausto, un ser repleto de culpa y arrepentimiento. Ada Colau ha elegido y en esa elección ha dimitido de una parte importante de aquello que un día fue. Quizás el secreto sea inclinarse sin romperse. Ayer creo que se rompieron muchas cosas y en todas las trincheras. La fuerza de la gravedad es lo que tiene.

Extiendo mi crítica a otros muchos políticos, independentistas o no. Sin ética, la política es peligrosa. Sin ética, la vida es peligrosa. Por este motivo, acabo ya mi mala educación, o al menos, mi poco estética despedida de ti y de tu periodismo. Prometo que no te volveré a enviar a la mierda.

Estos años de procés se han caído muchas caretas, hemos podido ver el posicionamiento de muchos y hemos desmitificado a muchas personas. No se trata de hacer listas pero creo que es una evidencia que cuando en un proceso de comunicación el emisor pierde tu confianza, resulta mucho más complicado que te llegue su mensaje. Y es entonces cuando multiplicas por cero su influencia en ti. Hay bloques, hay trincheras, hay formas de poder, hay modos de ejercer el poder, hay ética o falta de ella, hay esperanzas o frustraciones y hay incertidumbre, mucha incertidumbre. Y hay que ser honestos, autocríticos, valientes, coherentes… Sin renunciar a sueños, reclamando el derecho a equivocarse o el derecho a ser maleducado un día. ¿El derecho a pactar con el diablo? Sí, también. Pero también el derecho a mandar a la mierda a quien lo haga. Es sano. Porque no existen venenos, sino dosis.

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