Convénceme de que deje de ser independentista

convénceme

Estimado, o no:

Convénceme. Convénceme de que deje de ser independentista. Convénceme de que tu sueño es mejor que el mío. Pero no lo hagas con policías, guardias civiles, gobiernos, leyes, jueces, militares o reyes. Hazlo con argumentos. Pero no juegues a ser adivino porque del futuro todos sabemos lo mismo. Ilusióname. Pero no con apocalipsis zombies en contra de una República catalana, sino con hechos. ¿En qué me hará mejor una monarquía española, que los menores de 58 años no votamos, si la alternativa es una república catalana con una Constitución del siglo XXI? No me vale que me hables del tamaño de territorios. Yo no quiero pertenecer a un estado extenso, sino a un estado que garantice derechos sociales y laborales. No quiero ser China cuando puedo ser Dinamarca.

Convénceme. Pero más que convencerme, haz que quiera ser español. En un mundo global en el que veo películas extranjeras y series extranjeras, leo libros de autores extranjeros, escucho canciones en inglés y dedico una parte muy importante de mis ahorros a viajar, dime en qué me puedo sentir orgulloso de ser español si mi identidad catalana me es más que suficiente para saber de dónde soy y de dónde quiero decir que vengo. I’m from Barcelona, Catalonia.

Convénceme. Sin que tu timeline de Twitter sea un museo de tópicos. Ya los leo a diario. Que si soy un nazi, un supremacista, etc, etc, etc. Cada tópico, cada frase manida, cada insulto, cada cliché repetido una y otra vez, es un argumento más para que te resulte difícil convencerme. Pero inténtalo. Ilusióname, en serio. Dime que desaparecerá el déficit fiscal, que las inversiones del Estado serán justas, que nadie me prejuzgará por ser profesor en una escuela catalana, que el MACBA tendrá el mismo presupuesto que el Centro de Arte Reina Sofía, que se podrá hablar en catalán en la tribuna del Congreso, que habrá más universidades españolas en las que se pueda estudiar catalán que las que hay ahora mismo en el extranjero, que nadie me mirará mal si hablo en catalán en cualquier lugar de España, que las televisiones no colocarán la etiqueta de catalán cuando un deportista pierde y la de español cuando gana… En definitiva, asegúrame que desaparecerá la macrocatalanofobia y la microcatalanofobia, la más llamativa, estructural y atávica y la de los pequeños gestos diarios.

Convénceme. Pero te costará. Te costará que me olvide de la deuda externa; de la precariedad laboral; de los recortes en derechos sociales; del futuro de las pensiones; del nacionalismo español, castrador, represor, autoritario. Te costará que niegue el potencial de Catalunya en atraer inversiones, en I+D+I, en su sistema universitario, en sus talentos, en sus recursos naturales y culturales. Te costará que entierre mis sentimientos cuando veo tantas personas que comparten los mismos sueños que yo, a pesar de políticos no siempre a la altura. Te costará convencerme de que la monarquía es la mejor forma de Estado cuando además quien la defiende es esta familia real. Convénceme de que el 16% de la población administrativamente española podamos cambiar la Constitución que nos impide dar respuesta a la pregunta que el 80% de la población catalana queremos responder.

Convénceme. O, al menos, inténtalo. Tu ilusión debe ser superior a la mía y ya te digo que el listón está muy alto. Eso sí, llamarme supremacista o inundar Twitter de noticias falsas no parece el mejor camino.

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