El traje invisible de la hipocresía

homofobia

Estimado, o no:

Cuando veo que los de la banderita habláis de que la homosexualidad no es natural porque no garantiza la continuidad de la especie, no recuerdo que mencionéis que tampoco el celibato en la Iglesia lo hace.

Cuando veo que los de la banderita habláis de que la familia está formada por un padre, una madre y sus respectivos hijos, no recuerdo que os quejéis de los divorcios en las parejas casadas cristianamente. No decís nada de la borbónica infanta Elena o de que la reina Letizia se hubiese divorciado previamente antes de casarse con el rey.

Cuando veo que los de la banderita habláis del modelo tradicional de familia no recuerdo que tratéis demasiado el asunto de los matrimonios consanguíneos reales. La endogamia en las familias reales europeas es un hecho sobradamente conocido. Uno de los casos más sonados es el de la casa Habsburgo (que reinó en España, por cierto). Los miembros de esta familia nada tradicional se casaban entre ellos y eran famosos por el prognatismo mandibular de Habsburge (Unter) Lippe (también conocido como “mandíbula Habsburgo “ o “labios de Habsburgo”). El prognatismo se repitió en los sucesivos reyes españoles, sus descendientes e, incluso, a veces en sus esposas, que eran parientes más o menos lejanas. De eso, no habláis mucho los que estáis obsesionados con los modelos tradicionales de familia. Pero no hace falta hablar de los Austrias, tampoco los Borbones se libran de la endogamia. Los padres del rey de España, don Juan Carlos y doña Sofía, son primos entre sí, aunque lejanos. Comparten como tatarabuela a la Reina Victoria de Gran Bretaña, que también lo es de la actual reina de Inglaterra, Isabel II, y de su marido, el duque de Edimburgo. Una generación más arriba, sus abuelos paternos, don Juan de Borbón y María de las Mercedes de Borbón y Orleáns, eran primos hermanos. De eso no recuerdo que habléis mucho, los de la banderita.

Y tampoco recuerdo que habléis de otros Borbones como Felipe I de Orleans, hermano menor de Luis XIV, el rey sol. Nunca ocultó su homosexualidad ni que fue amante de Julio Mancini Mazarini, sobrino del cardenal Mazarino y luego duque de Nevers; Armand de Gramont, conde de Guiche, hijo del mariscal de Gramont, príncipe de Vidache y virrey vitalicio de Navarra o Felipe de Lorena, uno de los hijos de Enrique de Lorena. A los de la banderita os recomiendo que veáis la magnífica serie Versalles.

Quizás llegue un día en el que nadie se sienta con derecho a juzgar las orientaciones afectivas y sexuales de ninguna persona, en el que todos podamos formar modelos de familia diferentes al tradicional sin que absolutamente nadie invada nuestra libertad y nos pregunte por qué no nos casamos, por qué no somos padres o madres o por qué los homosexuales tienen derecho a la adopción. Quizás llegue ese magnífico día en el que la hipocresía no sea el traje invisible que crea prejuicios, estereotipos y marginación. Por cierto, lo de no soy homófobo porque tengo amigos homosexuales, no cuela. Todos los machistas tienen madres y no por eso dejan de ser machistas.

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