Message in a bottle

alberto

Estimado, o no:

Te escribo para agradecerte tu sinceridad porque, de hecho, me encanta que no te guste mi blog y que lo encuentres deplorable. Debo confesar que me impulsan más a escribir las personas que me detestan que las que me elogian. Sé que ahí está el ego, con sus necesidades primarias, esperando a que alguien se acuerde de él, pero los elogios rara vez me hacen progresar ya que, si se interiorizan mal, provocan cierto conformismo basado en extraños circuitos de recompensa. Mark Zuckerberg y Jack Dorsey saben mucho de eso. En una cultura de likes es muy fácil dejarse llevar por el narcisismo. Aunque, para alguien que se crió en la Zona Franca, hijo de un currante de la SEAT, siempre quedará esa frase de Douglas Coupland: “los que pertenecemos a la clase media sabemos que la historia se olvidará de nosotros”. Eso sí, aprovecho esta oportunidad para agradecer a todos los lectores que han llevado a que este blog haya alcanzado, a fecha de hoy, 7.661.000 lecturas. Gracias porque, sin vosotros y vosotras, seguramente habría abandonado este proyecto hace tiempo. Gràcies de tot cor.

Me gusta que yo no te guste. Y es que suelo desconfiar de los tipos que van soltando banderitas españolas para marcar el territorio. Porque, ¿qué mecanismo mental activas para que te dicte que tienes que iniciar un texto con una banderita? Jamás he visto a James Joyce, Virginia Woolf o Truman Capote iniciar un texto con una banderita. He visto banderitas en las fiestas de los pueblos, en los cócteles o en las bodas de las películas Disney, pero como iniciador de un mensaje escrito, jamás. Desconozco si también pones banderitas en la lista de la compra, antes de las zanahorias o de los tomates; si colocas la estanquera en las notas de la nevera o si has adquirido el hábito de dibujar rojigualdas en las felicitaciones de Navidad. Sin embargo, si crees que me vas a convencer de que deje de ser independentista poniendo banderitas en cada tuit que escribas, permíteme que te diga, con cariño, que te equivocas. Eso sí, si colocar banderas te relaja, no seré yo quien lo critique. Es mucho mejor que esnifar Varon Dandy.

Como te he dicho al principio, me encanta que no te guste mi blog. Tengo una identidad que he modulado a lo largo de los años gracias a las personas que he conocido, a mis estudios, a los profesores que me han guiado, a mis referentes familiares y de amistad, a los libros, las películas, las series, las obras de teatro, los museos y exposiciones, la música y, en definitiva, a todo aquello que me ha sorprendido y emocionado o me ha dado pistas más o menos acertadas sobre esta experiencia que es la vida. Tú no entrarías en mi museo de experiencias maravillosas. Te lo digo con respeto y hasta con cariño, porque al fin y al cabo, eres un ser humano, con tus bracitos, tus piernecitas y el resto. No me iría de vacaciones contigo, no me interesa conocerte y, créeme, hay mejores candidatos que tú para que abandone mi heterosexualidad. A pesar de todo, te animo a que sigas escribiendo en Twitter y, aunque tengas pocos seguidores y lo que escribas no dé la impresión de ser el producto de muchas horas de reflexión, creo que es muy importante que aportes tu punto de vista.

Yo no escribo para defender los valores de ninguna nación porque ninguna nación tiene valores. Somos las personas como individuos y las sociedades, como suma de individuos, los que adquirimos valores que guían nuestra conducta. Estoy seguro de que tú también defiendes la libertad, la justicia, el respeto, la convivencia, la igualdad de oportunidades y el progreso. Lo que sucede es que en mi humilde marco mental, no hay una sola bandera que tenga la franquicia de esos valores, ni una sola institución, ni un solo Estado. Y, mucho menos, el español, ya que necesita una revisión urgente y crítica de su historia. Pero no te hagas ilusiones. No renuncio a mi nación, que es Catalunya. Creo en su potencial más que en el de España. Es lo que hay. Y esta creencia es el resultado de más de cincuenta años de DNI español. Es empírico. Y te guste o no, esta creencia me pertenece, forma parte de mi equipaje vital y, aunque dibujes un millón de banderitas, no me harás cambiar de opinión. Ya es tarde y la vida es corta.

Me despido de ti, pero no de mi blog. No me despido de la escritura, de sentarme delante del ordenador para activar mis circuitos de introspección. Este blog “deplorable” seguirá vivo. Se llenará de palabras, de ideas. Y aunque las palabras nos pertenecen a todos, lo que subyace detrás de ella sólo llega a quien lo desee.

Hay una canción de The Police cuya letra siempre me ha parecido magnífica. Me refiero a “Message in a bottle”. Trata de un náufrago que escribe un SOS en una botella que lanza al mar. Los días van pasando en su isla, aislado del resto del mundo. Después de un año esperando respuesta, miles de botellas llegan a la isla. Son los mensajes de otros náufragos que esperan respuesta. Ésa es mi nación. Sospecho que no es la misma que la tuya.

 

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