Espeta sentado

phi

Estimado, o no:

Vayamos por partes, como dice Albert Rivera cuando tiene que explicar la cantidad de fugados de su partido. No sé si nos cruzaremos alguna vez por Phi Phi Island pero ya te adelanto que, si me haces la misma pregunta que a las chicas, tendrás que espetar sentado. Y esperar también por si no te quieres cansar. Mi respuesta será muy parecida porque a mí lo de ser español, tal como están las cosas, ni phu, ni phi, ni pha.

Para empezar, esa pregunta no es fácil de responder para muchos catalanes porque admite muchas repreguntas del tipo: ¿a qué te refieres? ¿Fiscalmente? ¿A qué pone en mi DNI, además de sexo y fecha de caducidad, dos datos que a veces van juntos, aunque mejor no preguntárselo a Julio Iglesias? ¿A la geolocalización no elegida de mi nacimiento? ¿Al resultado de la Guerra de Sucesión? No es fácil responder a esa pregunta. Como máximo te pueden decir: estoy español pero soy catalán. Ser y estar, dos grandes verbos cuyas diferencias no existen en otros idiomas. To be or not to be. Pobre Shakespeare. ¿Y si el atormentado Hamlet quería decir “estar o no estar” y no “ser o no ser”? Tú estás en Phi Phi Island, como las chicas catalanas. Además eres español. Ellas, aunque también estén en Phi Phi Island, no son españolas. Porque ser es algo mucho más complejo. El verbo ser engloba libertades, sentimientos, identidades. Uno puede trabajar de vigilante de geranios pero si no se siente vigilante de geranios, tampoco es cuestión de espetarle cualquier frase autoritaria del tipo “mira tu contrato”. Lo mismo sucede con las nacionalidades. Tiene una parte meramente administrativa. Al fin y al cabo, la nacionalidad es un constructo social. Nadie lleva incorporado en el ADN la nacionalidad. Nacemos donde nacemos por azar. A partir de ahí que, quien quiera, se vista con las banderitas que desee, eche colonia cara en su pasaporte para que huela bien o cante borracho en cualquier tugurio de Phi Phi Island el “Viva España”. Pero en cuestión de libertades, sentimientos e identidades, ya te digo: espeta sentado. Y espera también, por si no te quieres cansar.

De todas formas, agradezco que hayas desvelado el código secreto que permite a cualquier chica catalana librarse de un moscón español. Repitamos el código: no, soy catalana. Al parecer funciona. Siempre y cuando sea un moscón que tenga en vena una dosis pequeña de machito. Si esta dosis es demasiado elevada, quizás todo acabe en comisaría. Porque, ¿exactamente de qué te has contenido? ¿Te han subido las pulsaciones porque has visto agredido tu orgullo de español por el mundo? Quizás ellas se han contenido de mandarte a la mierda pero no van explicando su vida en las redes sociales, como tú, en tu intento de dar hispano-penita con el peligro de generar embolias afectivas en minimentales.

Acabo con un consejo para viajar a Tailandia: hola, noies. Si mai aneu a Tailàndia i us trobeu amb un espanyol que vol lligar i no esteu per la tasca, feu servir aquesta expressió: Mị̀ dī. Significa “malamente”. Llavors només tindreu dues possibilitats: que se’n vagi o que digui “tra, tra”. En tailandès: “phi, phi”. 

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