Cosas de imbéciles

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Estimada, o no:

Te he propuesto en Twitter abrir un debate sobre el porqué, como independentista que soy, te resulto poseedor de una deficiencia mental o, tal como dice la RAE, soy “tonto o falto de inteligencia”. Sigo esperando. Y es que te has quedado más muda que Bertín Osborne en una pinacoteca. Te hubiera bastado decir “como eres imbécil, no me entenderás”. Según tu punto de vista, eso sería cierto. Sin embargo, convertirías la afirmación en una falacia ad hominem que te desacreditaría… aún más.

Disculpa si me equivoco pero creo que no nos conocemos. Afirmas en tu cuenta de Twitter que eres bailarina. Me encanta la danza pero no recuerdo que Maya Plisétskaya elogiase en su momento tu talento (¿lo ves? Esto es una falacia ad hominem. Intento desacreditarte señalando una característica negativa tuya al insinuar que en el mundo artístico no te conoce ni el Tato. Lo admito: es una estrategia de baja calidad. A veces me dejo llevar y soy malote. Sobre todo cuando me insultan. Por cierto, has de ver bailar al Tato y jugar de vez en cuando al Teto. No lo hagas a la vez, eso sí).

No sé si entre plié y demi-plié has oído hablar de la Teoría del Etiquetado o de lo que los anglosajones llaman Labeling Theory (sí, lo sé. Resulta sorprendente que los imbéciles nos interesemos por temas como la psicología social, en vez de mirar el gracioso movimiento del culito de una cabra cuando desfila disfrazada de legionario).

Esta teoría asegura que existe una tendencia de la mayoría de personas a la calificación negativa o etiquetado de las minorías, a las que se ven como desviación del estándar de las normas culturales y sociales. Según Howard Becker, autor de esta teoría en los años 60, la desviación depende de las siguientes situaciones:

  • El grado en que la sociedad reacciona frente a un acto desviado, que puede ser de reacción fuerte o con indulgencia.
  • El grado en que un acto será considerado como desviado dependerá a su vez de quiénes han cometido el hecho y de quiénes hayan sido las víctimas. Es decir, su estatus.

En el caso que nos ocupa, es cierto que los independentistas cuestionamos el orden establecido. Otros grupos humanos lo hicieron antes: los afroamericanos en Estados Unidos, las feministas, los colonizadores… Bueno, estos últimos más que cuestionar el orden establecido, lo arrasaron. Lo curioso del caso es que cada 12 de octubre, el culito de la cabra antes mencionado se mueve para celebrarlo, ante la mirada agradecida de una masa que en tus coordenadas mentales, no sería imbécil. Respeto esa costumbre pero también te digo que puestos a mirar culos, el de las cabras no sería mi primera opción. Pero no nos desviemos del tema como cuando al rey le preguntan sobre por qué no reina ninguna de sus hermanas si él es el menor. Lo sé, eso nunca se lo preguntan.

Hablábamos de la Labeling Theory. Cuestionar el orden, las costumbres, las tradiciones, las leyes no es fácil. Ser mujer en una sociedad machista no es fácil, ser homosexual en una sociedad homófoba no es fácil y ser demócrata en una sociedad demófoba no es fácil. Lo fácil es etiquetar. De esta manera, lo fácil es dividir el planeta en dos tipos de personas: las imbéciles y las no imbéciles, a partir del criterio de si coinciden o no con nuestro marco mental. Según tú, entonces, Nicolás Copérnico fue un imbécil porque cuestionó la teoría geocéntrica, Rosa Parks fue una imbécil porque cuestionó el racismo y Emmeline Pankhurst fue otra imbécil porque cuestionó las leyes que sólo permitían el sufragio masculino. Pero gracias a estas personas imbéciles, sabemos que somos nosotros los que damos vueltas al sol, los afroamericanos han conquistado derechos sociales que antes no tenían y tú puedes votar. Ahora que lo pienso, quizás Nicolás Copérnico, Rosa Parks y Emmeline Pankhurst no fueron imbéciles sino que lucharon contra los imbéciles que se negaban a cambiar la percepción de las cosas. Quizás la imbecilidad no sea una etiqueta que colocamos sobre las personas cuando no las comprendemos, sino una excusa intelectual para no admitir nuestra propia imbecilidad. Piénsalo. La diferencia entre tú y yo es que yo no creo que seas imbécil. Poco original, sí. Que buscas el aplauso de los tuyos, también. Que si yo me sintiera español (cosa que ya no me sucederá nunca más) me enfadaría con personas como tú que, pudiendo emplear la inteligencia, usan en cambio el humor ñordo, pues también.

El debate sigue abierto. ¿Te atreves?

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