Carta a una farola

farola

Estimada farola:

Sé que es raro escribir a una farola. En todo caso, si alguna vez lees esta carta, enciéndete y apágate 1714 veces en señal de complicidad. Después de tantas cartas dirigidas a sujetos emocionalmente inanimados, tampoco creo que resulte extraño que pueda escribir esta breve misiva a una farola. Por lo menos tú iluminas, das luz, generas un espacio amable en la noche madrileña. Muchos de esos sujetos emocionalmente inanimados a los que dedico unas palabras se limitan a generar sombras sobre el futuro de ese Estado que no sabe ser nación y que ahoga la voz de naciones que quieren ser Estado.

En todo caso, vaya por delante mi interés por saber qué tal te encuentras. Al parecer, el estado de salud del caidista (sin para) es bueno. De lo cual me alegro, obviamente. ¿Se te ha fundido la lámpara? ¿Sigues en pie o ya te han llevado a la Audiencia Nacional? Te traslado mi solidaridad porque quizás a partir de ahora serás objeto de la furia española (y no me refiero a la selección de fútbol).

Ya que estoy escribiendo a una farola y como tu capacidad de respuesta se iguala en empatía a la del Estado español, deja que te cuente mis penas. No me gustan los desfiles militares. Los de ningún país. Me resultan anacrónicos, belicosos, prepotentes y absurdos. Prefiero la Cabalgata de los Reyes Magos, el del Orgullo Gay, el del Coño insumiso y el Kanamara Matsuri de Japón, en el que se pasea a un enorme pene rosa. Sé que la exhibición de grandes misiles en un desfile militar tiene algo de fálico y que Freud podría escribir varios libros sobre ello. Sin embargo, tengo claro que prefiero la alegría japonesa.

Por eso, este tipo de incidentes me lleva a la hilaridad (me descojono, hablando en plata). Que en medio de una grotesca exhibición de armamento, ardor guerrero, virilidad castrense y patriotismo carpetovetónico, la realidad demuestre que somos humanos, me encanta. Prefiero una sociedad basada en el humor, en la humildad y en el pacifismo, que un modelo que glorifique las armas y el Ejército. Son dos mundos muy diferentes y cada día aumento mis convicciones. Sé, sin ninguna duda, cuál es en el que quiero pasar el resto de mis días en esta extraña aunque divertida fiesta. Y si no, siempre nos queda la poesía:

Es el 12 de octubre,

y la gloria española,

el humor siempre cubre

si escribo a una farola.

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