Carta al adoquín de Albert Rivera. Bueno… ya me entiendes

rivera

Estimado, o no, adoquín:

Lo sé: este blog está degenerando mucho últimamente. Ayer le dediqué una carta a un perro y hoy a un adoquín. La culpa es del grado de surrealismo al que nos somete el debate político. Soy consciente de que escribir una carta a una piedra no me hará ganar ningún premio, ni siquiera de la revista “Urbanismo sexy. Especial adoquines” pero, en todo caso, aquí te lanzo un mensaje (bueno… quizás el verbo lanzar no resulte el más adecuado para dirigirse a un adoquín, no sea que tenga ganas de responder).

Los adoquines os habéis hecho muy famosos de un tiempo a esta parte. También los contenedores, las hogueras y los fachas, combinación que resulta cuanto menos curiosa. Si abrimos cualquier libro de historia (siempre que no sea el de la historia de los Osos Amorosos) veremos que los adoquines aparecen en los momentos más conflictivos. Si los conflictos se desarrollasen en el campo, quizás se lanzasen boñigas de vacas a los antidisturbios, pero como muchos han tenido un carácter urbano, los adoquines suelen cobrar protagonismo. Estoy seguro de que el futuro obsequiará a nuestros nietos con una sociedad distópica en la que la tecnología acabará por secuestrar las últimas posibilidades de humanidad. Es posible entonces que los antidisturbios sean robots con cara de mala hostia y que los manifestantes neutralicen su agresividad con virus informáticos. De momento, son los adoquines los que se convierten en símbolos del descontento popular. Y digo popular porque los poderosos no tiran adoquines. Les resulta más estético un ERE fraudulento, un cobro de comisiones o forzar la legislación hasta límites paródicos.

Dice Ismael Serrano en su canción que “bajo los adoquines no había arena de playa”. Efectivamente, muchos de los que corrieron delante de los grises o pertenecieron a la llamada gauche divine, ahora no entienden que haya personas que luchan por sus derechos y que sus armas sean bastante parecidas (y no me refiero a los peinados o a los pantalones de campana que lucían en sus guateques sesenteros). En mayo del 68 no se lanzaban sonrisas y esas autodeterminaciones por las que luchan pueblos que para el progre de pedegrí quedan muy bien en el Twitter, se tornan invisibles a medida que disminuyen los kilómetros en los que se dirimen. Hay una geolocalización emocional de los conflictos para Maruja Torres, Javier Cercas y todos los que nos dan lecciones de ética ya que “contra Franco, se vivía mejor”. Y en ese caldo de cultivo de conflictos, amnesias selectivas y revoluciones de boquilla, aparece un tipo con un adoquín en la mano en medio de un debate electoral. ¿Qué les has hecho, adoquín, para que te quieran tan poco?

Somos cínicos; cínicos y cobardes; cínicos, cobardes e hipócritas. Prohibimos urnas en nombre de la democracia, golpeamos en nombre de la democracia, secuestramos voluntades en nombre de la democracia. Glorificamos pasados de guerras y violencia con miles de muertos y, al mismo tiempo, calificamos de violencia que arda un container de basura. Queremos que nos vean como los principales defensores del diálogo sin descolgar teléfonos, buscamos protagonismos conflictivos montando ruedas de prensa en acampadas de disidentes, presumimos de democracia uniendo los tres poderes con el pegamento del patriotismo y nos presentamos a debates con un adoquín en la mano. Repito: ¿qué les has hecho, adoquín?

Me gustan las sociedades sin conflictos. ¿A quién no? Quiero vivir en una Catalunya sin conflictos, quiero tener relaciones sin conflictos y que mis conflictos interiores desaparezcan. Pero no quiero que los conflictos se ignoren o, peor aún, que se prohiban o se repriman. Los conflictos se empiezan a resolver cuando las partes se reconocen, cuando la voces se escuchan. Y ver a un tipo que quiere ser presidente de gobierno con perros que huelen a leche o adoquines en la mano en un debate serio, no me da muchas esperanzas.

No sé qué opinas, adoquín. Quizás en el futuro adquieras menos protagonismo y las formas de protesta popular se vuelvan más tecnológicas. Quizás salga en televisión un tipo con un circuito integrado en la mano y nos hable de los virus informáticos sediciosos de los disidentes. Eso sí, el día después de haber achuchado a un perro robot mientras comenta que aún huele a aceite lubricante.

Fes un click a sota per seguir-me a:

1024px-Instagram_logo_2016 Instagram

https://www.instagram.com/ribes.a/

logotw Twitter

 https://twitter.com/blogsocietat

UnknownFacebook 

https://www.facebook.com/blogsocietat/

youtube

https://www.youtube.com/user/ipsics4

Compra el meu llibre:

poster