El niño que miraba por la ventana del AVE y no veía estaciones vacías

Niño

Estimado, o no:

¡Qué historia más emocionante! No lloraba tanto desde que mezclé Bambi con Rocky y pensé que la madre de Bambi moría en un combate de boxeo. ¿Has pensado en vender los derechos a Disney? Con ese relato te hace dos películas, un videojuego, un muñeco y un disfraz de príncipe rojigualda. Agradezco a Twitter que me dé estos momentos de intensa emoción. No sé qué haría sin estas historias de profundo calado humano. Lo que no soy capaz de adivinar es si el niño estaba pensando en los independentistas, en los que se van a Suiza a ingresar sus dinerillos o en los jóvenes que no encuentran trabajo y se ven obligados a buscarse la vida en el extranjero. Yo, como no he ido a Suiza y no soy joven, prefiero hablar de los primeros.

Te voy a revelar algo muy importante sobre la condición humana: la gente no se suele divorciar por cuestiones estéticas y quien se quita el asiento de bolas del coche no lo hace por lo feo que es, sino porque se le queda el culo como la cara de Aznar. Uno puede equivocarse en una noche de discoteca y enrollarse con un Gremlin cabreado pero varios años después de haber pasado por el altar, no cuela que te divorcies de él porque le siente mal el agua y se ponga más feo que el alcalde de Madrid comiendo wasabi a cucharadas. Y qué decir del asiento de bolas. Yo jamás me sentaría en un asiento de bolas o en las rodillas de Abascal. Va contra mis principios… y mi culo.

En fin… a ver cómo te lo explico sin herir tus sentimientos. En el territorio que ocupa el Estado español hay paisajes, montañas, ríos y valles muy bonitos. Cierto es también que hay rotondas que deberían ser juzgadas en La Haya y que si colocas a Kiko Rivera dentro de la Mezquita de Córdoba, de repente parece el Pasaje del Terror. Sí, España tiene recursos naturales, históricos y culturales preciosos. Ése no es el problema. Yo no soy independentista porque me caigan mal los Monegros, el Guadiana o la Cordillera Penibética. Yo soy independentista porque el Estado español me ha expulsado de su proyecto como sujeto político. Desde que voté un Estatut que cepillaron y recortaron, siento que mi opinión cuenta de poco a nada. ¿Hay otras razones? Muchas. Pero como aún tengo en mi mente la cara de Aznar, la posibilidad de sentarme en las rodillas de Abascal, el careto del alcalde de Madrid hinchándose a Wasabi y la imagen de Kiko Rivera entre los maravillosos arcos de la Mezquita de Córdoba, prefiero dejarlo para otro día.

Por cierto, la segunda temporada de “El niño catalufo que miraba por la ventana del AVE y no veía estaciones vacías” me ha parecido aún mejor que la primera. Felicidades.

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