Carta a Pablo Iglesias

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Estimado, o no, Pablo:

Alcanzada ya la edad de adulto, uno debe entender un poco más las relaciones humanas. Las personas, los seres humanos, los animales racionales que somos, nos movemos por el planeta desempeñando diferentes roles a la vez. Somos capas que se superponen en un determinado orden. Muchos de estos roles son elegidos. No es un rol elegido ser hijo o hija de alguien (todos lo tenemos), pero sí es un rol elegido ser padre o madre. Ser hermano o hermana, primo o prima, o abuelo o abuela, tampoco son roles elegidos. La familia está ahí dando forma a nuestro mundo y cada uno de nosotros la sitúa en la capa que desee. Ni es obligatorio celebrar la Navidad juntos, ni estropearla por desavenencias políticas.

Seguramente, el rol de buena o mala persona también forma parte de nuestras elecciones personales. Uno elige ser un machista, un xenófobo, un racista, un catalanófobo o todo a la vez; uno elige no condenar el ataque con una granada a un centro de menores; uno elige abrazarse a las fake news y uno elige dar el visto bueno a la represión. Ser de ultraderecha es un proceso de elección personal. También lo es elegir la carrera política. Uno no es político porque una fuerza superior o su contenido genético le han obligado a ello. Y cuando uno es un político que quiere “asaltar los cielos” supongo que es porque tiene la vocación de representar los intereses de otras personas.

La condición humana puede llevar a mantener la cordialidad con alguien que no piensa como tú. Cierto. Pero es importante ser coherente con los roles que uno asume. Soy profesor y tengo muy claro que no puedo ser amigo de mis alumnos. Ellos y ellas tienen sus amigos y amigas y, ningún ataque de demagogia paternalista me debe llevar a organizar salidas para ir a conciertos, a cenar los sábados por la noche o a irme de vacaciones con mis alumnos. Lo siento si hay gente que piensa lo contrario pero es que la vida no es un telefilme de Antena 3 y uno debe ser muy consciente de los roles que desempeña en la sociedad. Por eso, permíteme que te diga que ese colegueo con la ultraderecha es, cuanto menos, poco estético. Defender la dignidad también es un rol, especialmente cuando la dignidad que uno defiende es la de sus votantes. Ya sé que la ética se confunde con la estética pero, en ocasiones, no son tan diferentes. Y no, Pablo, hablar con VOX no es lo mismo que hablar con Oriol Junqueras.

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