Hoy hace un buen día para hablar de la idiotez

vox

Estimado, o no:

Me he enterado de que te acosan las prostitutas cuando paseas por la calle. ¿Son muchas? Debe ser una situación embarazosa cuando te acompañe tu pareja y te pregunte si las conoces de algo. Espero que no sea porque les debes dinero. En todo caso, si después suena el despertador, sólo me queda desearte un buen día.

En este punto de la carta, si quieres puedes abandonar la lectura. Lo que viene a continuación es probable que no te interese. De hecho, las cartas que escribo no se dirigen realmente a las personas por las que se supone que están escritas. Cosas de la narrativa.

Hoy voy a escribir sobre la idiotez, la idiotez como forma de vida, la idiotez como estrategia política, la idiotez como aquello que puede destruir civilizaciones con la misma facilidad que Societat Civil Catalana corta una calle… de Catalunya en miniatura.

Creo que el primer idiota de la historia fue Adán. Le dijeron que podía comer todos los frutos menos el prohibido. ¿Y qué hizo? Pues eso, el gilipollas. Caprichitos que tenemos los hombres. El castigo no fue que le acosaran todas las prostitutas porque entonces aparecerías en la Biblia y no recuerdo que te mencionaran en catequesis, ni siquiera en la temporada de la Biblia que habla del Apocalipsis. ¿He dicho temporada? Lo siento, veo demasiadas series.

La historia de la Humanidad se ha movido siempre entre dialécticas: la ciencia frente a las supersticiones, el saber frente a la ignorancia, el poder del pueblo frente al poder del opresor, la inteligencia frente a la idiotez… El tiempo, afortunadamente, ha demostrado que la inteligencia adquiere cuotas de poder que han permitido que no nos hayamos devorado unos a otros. El cerebro evolucionado ha ganado batallas al cerebro reptiliano y las ideas se han impuesto en muchas ocasiones al oscurantismo, al miedo y a la idiotez. Pero la idiotez es persistente y generación tras generación aparecen idiotas a los que se conceden espacios de poder. Y es que una cosa está clara: aquellos espacios que no se llenan con inteligencia corren el riesgo de ser conquistados por la idiotez. Y así estamos: luchando diariamente contra fanáticos incapaces de dialogar con la complejidad del mundo y que levantan la bandera de la idiotez para que otros idiotas no se sientan solos. Se niega el cambio climático, se niegan derechos a la mujer, se demoniza a los inmigrantes, se pretende convertir un referéndum en un golpe de Estado, la prensa silencia los desmanes de antiguos reyes y destacados miembros de la ultraderecha sientan sus culos en lugares de privilegio. El panorama no es el idóneo para hablar de belleza, de valores sociales o de aquello que nos ha alejado de un tipo peludo que flipó descubriendo el fuego.

La idiotez ha vencido en muchas ocasiones y ha convertido el planeta en un lugar peligroso. Se han librado guerras en nombre de muchas coartadas pero con un único motor: la idiotez. Seguimos en guerra. Y repito, todo aquello que no se llene con ciencia, con arte, con pensamiento crítico, con filosofía y, en definitiva, con los mejores frutos del cerebro humano, se llenará con idiotez.

Terry Pratchett, un escritor británico, afirmó que “la estupidez real siempre vence a la inteligencia artificial”. Por eso, la lucha de la inteligencia humana debe ir encaminada a evitar que se comercialicen robots de VOX. Y es que ya sólo nos falta por ver a un robot de VOX acosado por prostitutas androides. Si resucitara Isaac Asimov, seguro que se moría de nuevo del susto.

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