Diari d’un confinat. Capítol 22

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Estimado, o no:

Después de la sección “Gente que se pone la mascarilla sólo en la boca y deja la tocha fuera” y “Gente que se bebe el gel hidroalcohólico y muerde a un Mosso logrando la solidaridad de todos los partidos políticos”, ahora inauguras la sección “Gente que hace cosas raras en Twitter”. Y es que, amigo de las encuestas, cuando he visto la votación que proponías en Twitter me ha recorrido un escalofrío todo el cuerpo que ríete del orgasmo de un pingüino emperador. ¿Team Leonor? ¿Team Sofía? Yo lo que creo es que alguien os ha tim… ado. Me explico. Estas niñas han salido de donde han salido. Bueno, básicamente han salido de donde entraron, como el resto de seres con brazos, piernas y aspecto humano. El tema es que quien las puso ahí en etapa precognitiva, es una persona que también logró trabajo y sueldo vitalicio por haber salido de donde salió, que es el lugar por el que entró, como el resto de seres con brazos, piernas y aspecto humano. Y así, si vas yendo hacia atrás, generación tras generación, llegarás al Borbón versión beta, que desconozco quién lo metió de donde salió, pero al tipo el negocio familiar le ha funcionado muy bien. En resumen: Team Leonor y Team Sofía ya tienen la vida solucionada por haber entrado donde entraron, viniendo de donde vinieron y siendo la versión update del software Borbón, instalado en España desde que Felipe V, en plan troyano, decidió que España era un buen lugar para depositar su semen y su mala leche (valga la redundancia). Lo sé… es difícil de entender hasta para un informático.

Pero esta carta no pretende analizar los mecanismos de una monarquía, más allá de saber que sólo las empresas que fabrican preservativos están tan ligadas al semen como estrategia empresarial, como lo está una Casa Real, aquí y en los otros 43 Estados en los que funcionan estas franquicias familiares. El motivo de esta carta es advertirte de lo rarito que es que un adulto proponga una votación para elegir a una niña. Es casi tan raro como ver a un tipo con gabardina repartiendo caramelos en la puerta de un colegio. Por eso, no nos pidas que elijamos a una niña. Haz encuestas del tipo “tortilla de patatas, ¿con o sin cebolla”. O “Santiago Abascal, ¿mejor callado o en silencio?”. Pero elegir a una niña, es raro, y estoy seguro de que a sus papás les gustará menos que unas vacaciones con Urdangarín.

En todo caso, aprovecho la ocasión para hacer un llamamiento a todos los españoles que me quieran escuchar. ¿Prepradado? Que conste que he dicho preparado y no pre-parado.

¡Españoles! ¡Como bloguero especialista en histerias panhispánicas, os debo una explicación y esta explicación os voy a dar! Me gusta “Bienvenido Mister Marshall”. ¿Se nota? Mmmmm… ¿dónde estábamos? Ah, sí…

¡Españoles! Me veo en la obligación de deciros una cosa (bueno, varias). Vuestro país molaría mucho si abriérais un poco la ventana. Huele a rancio, a señorones con caspa, militares trasnochados y sudor de torero. Sois el país de Picasso, de Lorca, de Granada, de Cervantes, de un clima envidiable, unas playas maravillosas y una gastronomía de primera. ¿Por qué esa fijación con los reyes, el ejército, la Guardia Civil, la religión en modo agresivo-pasivo-barroco-me doy de hostias para tocar a la Virgen, los falangistas, el trauma de estrés postimperio, la unidad de la patria me pone palote y esas obsesiones freudianas que cansan no sabéis cuánto. Pasad de una vez por todas de los Revertes, los capitanes Alatristes, los vivaspañas, los vivalrey y todos esos gritos tribales. Podríais ser un país de la hostia pero, en cambio, sois la hostia de pesados. ¡Que estamos en el siglo XXI! Teletrabajamos si es necesario, hablamos idiomas, cantamos canciones en inglés, comemos manjares japoneses, viajamos en coches coreanos, presumimos de abdominales en Instagram (los que pueden) e incluso cortamos con nuestra pareja a través de un WhatsApp (los más cabrones, que conste). It’s the end of the world as we know it, como dice REM en una maravillosa canción. Ya no hay imperio. Se acabó. Game over. Lo máximo a lo que puede aspirar España es a ganar en algunos deportes. Y no pasa nada. Es mejor ser campeón en humildad que en caspa.

En fin, sé que no me haréis caso pero, ¿y si por un momento alguien, en algún lugar de la geografía española, llega al final del texto y piensa: pues quizás molaría ser un país normal? Con sus problemas, como todos, pero unido en algo que convenza a la mayoría. He dicho convencer y no vencer, que es como se intentan solucionar las discrepancias. Total, que yo paso de votar a ninguna niña. Yo soy del Team República Catalana. Soñar es gratis… hasta que Amancio Ortega ponga una tienda en los sueños, claro.

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