Diari d’un confinat. Capítol 24

otro idiota

Estimado, o no:

Pues me parece muy bien que para las clases de catalán te pongas de fondo la bandera de España. Sin duda, es menos desagradable que un póster de Kiko Rivera en la playa y menos peligroso que unos calzoncillos de Chernobyl. Al fin y al cabo, es una tela, y las telas tienen como función principal tapar. Al menos, en España ha servido para tapar la corrupción, las aficiones campechanas y la compra de submarinos que se hunden pero no regresan a la superficie (como el pene de Trump, por poner un ejemplo). Por eso, tapa la pared con aquello que te haga sentir bien. Sólo espero que la bandera no tenga ojos porque la privacidad de un adolescente siempre es importante, especialmente si debes justificar que el uso masivo de kleenex es para hacer mascarillas.

Lo que me pregunto es qué colocas de decorado para el resto de asignaturas. En estos días de confinamiento es importante ponerle imaginación a las cosas. Supongo que, como en mi caso, tu tiempo está lleno de clases virtuales. No sé si a ti te sucede pero la pantalla de mi ordenador parece ya la 13 Rue del Percebe (ups, como millenial creo que no entenderás el chiste. Humor boomer, tan poco masticable como un Bang Bang. Sorry, nuevo chiste boomer). Como te decía, es importante dotar de algo de color esa imagen extraña que tenemos en una webcam. Y es que estos días, entre papadas que harían las delicias de Hannibal Lecter, peinados recién salidos de la piltra, micrófonos que parecen un desfile de huevos fritos y caras de “quiero que esto acabe ya”, necesitamos personalizar un poco nuestro entorno. Por eso, déjame que te proponga varias ideas para que decores convenientemente el fondo de tu habitación. Lo haré por asignaturas:

  • FÍSICA. Una fotografía enorme del paracaidista que se comió la farola el pasado 12 de octubre. Así, tu profesor comprobará que te interesas por la fuerza del viento, el peso de las banderas y por demostrar que un patriota, total o parcialmente sumergido en un desfile militar, experimenta un empuje vertical hacia la pérdida de orgullo, igual al peso de las risas que se desalojan en los indepes.
  • HISTORIA. Un póster a todo color de las declaraciones de independencia de aquellos países que se piraron del imperio español. Qué documentos tan motivadores.
  • MATEMÁTICAS. En este caso lo mejor es un 1898 grande, enorme, que ocupe toda la pared del fondo. Para que jamás olvides el año en el que España menguó más que el citado pene de Trump cuando alguien tose a su lado.
  • GEOGRAFÍA. Un mapa de Gibraltar. Jamás conviene olvidar dónde está, para orgullo británico y cachondeo de los indepes.
  • QUÍMICA. La fórmula del ácido sulfúrico (H2SO4). Por si un día quieres probar su eficacia con las banderas y así, dejar de hacer el ridículo. Porque es ridículo reivindicar España, comernos el coco con el mantra de que Catalunya pertenece a España y, al mismo tiempo, anunciar en Twitter que para las clases de catalán te pones la bandera de España. Porque, amigo millenial: ¿en qué quedamos? ¿Los catalanes somos españoles o no? ¿Y si lo somos, por qué ese postureo de rebeldía ante lo que se supone que es español? ¿Puede ser entonces que sentirse catalán sea incompatible con sentirse español? Si es así, quizás estemos más de acuerdo de lo que pareces pensar. Un último consejo: que no se vean los paquetes de kleenex en las clases virtuales. Eso sí levanta sospechas. Lo otro es, simplemente, nacionalismo.
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